¿Y si el momento es ahora?
Esta semana no ha sido la mejor. Ni siquiera buena. Ni siquiera regular. Ha sido mala, de hecho. Emocionalmente, el pasado lunes, recibí una noticia que temía tanto como deseaba. Llegó la respuesta, pero no fue la esperada, lo que, siendo lunes, me expuso a dos posibles escenarios: la semana no podía ir peor, o la semana sólo podía ir hacia arriba.
Era por la tarde, creo que miércoles. Estaba en casa, en el despacho, escuchando uno de tantos vídeos que tengo en la explotada sección de 'Ver más tarde' de YouTube. Abrí el cajón. Recientemente, ordené todas las libretas, lo que me facilitó lo siguiente: encontré la libreta del primer libro que quería leer. Y viajé en el tiempo.
Viajé mentalmente a ¿2012? ¿2013? No lo recuerdo exactamente. Sólo sé que había cosas que ahora no, y, pese a que mi vida estaba explotando por temas familiares de salud, eran los primeros pasos de una personalidad que, ahora, me han permitido convertirme en la persona que siempre he querido.
Durante semanas, dediqué las tardes de los viernes a recopilar información de lo que quería que fuese mi primer libro. Durante muchos viernes, cogía el metro hasta el centro, leyendo, me bajaba en la misma parada, paseaba, miraba hacia arriba para enamorarme (más) de València, de su luz, de su arquitectura, y de algunas tiendas con las que me identificaba. El trayecto no era del todo largo. Lo suficiente para, como digo, ser consciente de que ese momento, ese paseo, formaba parte del proyecto, de la experiencia, de sentir que "es tarde de libro".
Cuento todo esto porque aquel libro quedó aparcado. Sentí que, entonces, lo que más me había gustado era haber recopilado los cientos de datos, haber dedicado muchas horas a la preproducción. No motivaba, entonces, insisto, el seguir dándole forma y vida.
Ahora, habiéndome encontrado la libreta de mano negra (una de tantas), me he preguntado si, quizás, sería un buen momento de retomarlo. Este proyecto nació del amor por esa idea, de lo que producía (y me sigue produciendo, esto es muy importante) en mi cabeza al pensarlo. Es por ello que me planteé la idea de, por qué, cuando pronto se reestructure todo, a mi manera, con mis tiempos y ritmos, retomar aquella idea.
Es fascinante. 13 años después, sin aquella cafetería que se convirtió en refugio existiendo, sin aquel quiosco de prensa en el que compraba revistas extranjeras, la idea no sólo me volvió a generar cosquillas en el estómago, sino que me vuelve a confirmar que lo que siento es real. En todos los sentidos. A aquella persona le afectaban mucho las cosas. Ahora, desde esta distancia y experiencia, todo fluye más y deja el agua correr.
¿Y si el momento es ahora? Quizás los últimos meses de 2026 sean el primer paso.

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