No sé ni expresarlo en terapia
Es una sensación.
Es un estado mental.
No sé ni expresarlo con palabras en terapia.
No sé si es mi sensibilidad, mi mundo interior, mi forma de ver la vida, mis necesidades vitales.
Pero sí sé que es una especie de zona de confort.
Dentro de mí conviven decenas de recuerdos, de momentos, y de lugares. Lugares a los que vuelvo mentalmente cada cierto tiempo (algunos, a diario). Pero no lugares, sin más. No. Eso podría expresarlo fácilmente. Se trata de lugares concretos en momentos concretos.
Recuerdo mentalmente Londres, pero no se trata de Londres. Se trata de aquel Costa Coffee en la City, con un bonito atardecer de septiembre, con aquella luz cálida, grabando una nota de voz para captar el momento que borré hace poco, esperando a mi ex-pareja y los dos cafés que habíamos pedido. Aquel momento se quedó grabado.
Y recuerdo València. Cómo no voy a recordar una de las ciudades más especiales del mundo. Pero no se trata de València. Se trata de aquella tarde de enero, con mi cámara de fotos, bajándome en Alameda, enamorándome de la estructura de esa parada de metro, saliendo y sintiendo el calorcito del sol, paseando por el antiguo cauce del río Turia, cruzándome con gente que se dedicaba a vivir su tiempo libre tranquilamente, llegando a la Ciutat de les Arts. O aquella València de tardes de cine, café y lectura. O aquella València con sus trayectos en metro. O aquella València con su luz mágica por las tardes.
También recuerdo Madrid, pero no se trata de Madrid. Se trata de aquellos siete años ininterrumpidos, viviendo con el que fue uno de los amores de mi vida, en aquel céntrico ático, paseando por Malasaña y Chueca, yendo a museos y exposiciones, yendo a salas de cine en versión original, cenando rico, descubriendo restaurantes, haciendo deporte por El Retiro a primera hora, comprando libros, revelando carretes de fotos, cenando cosas poco saludables los viernes viendo, a oscuras, una película francesa, británica o escandinava en versión original.
Vivo en esos recuerdos. ¿Nostalgia? Seguramente. Pero esos recuerdos me hacen sentir vivo, me hacen sentir que puedo volver a vivir muchos de ellos. Puedo coger ahora mismo un billete de tren y plantarme en unas horas en esos recuerdos. Buscarlos, recrearlos, y romantizar una vida que, de no hacerlo, te come a bocados gigantes.
Y, aunque parezca que sé expresarlo, no puedo. No puedo porque es una vivencia, algo que late, late muy fuerte y que me sigue dando la vida.

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