Una vuelta productiva

Volvía a trabajar después de tres semanas de (merecidas) vacaciones. Lo cierto es que no con todo el ánimo necesario. No por volver a mi trabajo. Mi trabajo me gusta, me encanta, me apasiona, incluso lo necesito. No. Era por esas semanas, esos días, libres. Tuve tiempo de pensar, reflexionar y plantearme una serie de medidas, cambios y posibles decisiones sobre mi vida a nivel personal. Algunos de ellos he ido haciéndolos ya, por cierto. Y en eso sigo.


Volvía a trabajar con algunas dudas porque durante mi (merecida) ausencia hubo algunos cambios en el trabajo de los que me había enterado y cuando me enfrento a algo que no controlo al cien por cien mi primera reacción es la de exponerme de frente, ir directo, pero lo cierto es que tenía alguna inquietud que no me dejaba demasiado tranquilo.

Pero empezó la jornada de trabajo.


Empezó la jornada de trabajo y el resultado, el rendimiento y las sensaciones fueron absolutas. Fue una tarde-noche de la leche. Fue una tarde-noche muy muy productiva. Preparación de guiones, creación de contenidos, programación de publicaciones, producción de la semana siguiente, cobertura de eventos y noticias en directo, incluso publiqué en el blog. Todo ello, de fondo, quitándome algunos programas de podcast que había acumulado durante vacaciones.


Fue la leche. Lo que parecía una jornada intensa, que no me acababa de apetecer, acabó siendo una extraordinaria forma de sentirme útil, productivo, activo. Ese cansancio del que tantas veces he hablado que entremezcla el cansancio en sí y la sensación de dedicarme a algo que me apasiona.

Fue una vuelta productiva.

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