Quizás elimine este post
- Esteban Gómez

- hace 2 días
- 2 Min. de lectura
Este post no existía hace dos minutos. Ni siquiera en mi cabeza.
Este post no existía porque, creo, ha sido un impulso. Un impulso que vengo valorando desde el pasado viernes, antes de un fin de semana que me imponía. Ahora, sinceramente, lo expreso.
No estoy atravesando el mejor momento de mi vida. Uno de los peores, de hecho.
Desde hace unos años, sufro un cambio personal que va desde mi filosofía de vida hasta una crisis de identidad que tengo tan clara como dolor me produce. No es fácil. Cuando, de repente, un día te despiertas dudando, con la sensación de que eso que hacía latir está perdiendo fuerza y amenaza con seguir latiendo hacia otro lado, todo se revuelve, todo se empieza a desmoronar.
Y, entiéndeme, es algo que me hace sentir fiel a mis valores, que no me estanco, que estoy vivo, que no sucumbo a según qué cosas. Pero lo cierto es que es un proceso complicado, difícil, con días en los que no tienes ganas ni de hablar, con días en los que ves la luz y pasas de 0 a 100 en minutos.
Hay días en los que te sientes la persona más fracasada del mundo, en los que no sólo no sabes hacia donde vas sino que tampoco sabes si quieres seguir andando. Hay días en los que te refugias en tus hobbies, en tus aficiones, y piensas menos, te infravaloras menos, te juzgas menos, te sientes por encima del bien y del mal. Pero, me temo, lo primero acaba ganando terreno a lo segundo.
Están siendo días raros, complicados. Días en los que quieres huir, mandarlo todo a la mierda, esconderte, aislarte, porque te sientes privado, señalado, atado de pies y manos.
Quizás elimine este post. O no.
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