Una aldea, una entrevista y un libro

Escribo estas líneas tras varios días sin ponerme delante del ordenador. Primero, porque estaba cansado del viaje. Luego, porque había estímulos a los que acudir y satisfacer. Tercero, por un problema en el acceso al editor, porque no es mi ordenador de cabecera. Este ordenador lo uso para viajes, sin más.


Escribo estas líneas porque, pese a que es mediodía, han pasado muchas cosas. Aquí, en el safe place, en este maravilloso rincón de Galicia, sigo llevando a cabo mi rutina de deporte. Lo sigo haciendo con un entorno maravilloso, con un paisaje que embriaga, que enamora, incluso que hechiza. Una tierra de colores saturados, vibrantes, que laten por ellos mismos, que acogen, que despiden, que abrazan.


Esta mañana (eran poco más de las 9:15) había cambiado mi ruta diaria porque había tenido una idea. El verano pasado mi novia y yo decidimos emprender otro camino alternativo al habitual. Mientras el camino debía seguir recto y e iniciar, así, el sendero, decidimos encarar el camino de la izquierda. "Vamos a ver qué tal", y vaya cómo fue.


Un camino con una cuesta empinada que, sumada a aquella tarde de calor, se convirtió en algo así como un infierno. El dolor lumbar, el cansancio, el calor y la incerteza de cómo era ese camino, cuándo acabaría. Factores que no ayudaron a crear un buen recuerdo. Sin embargo, todo esfuerzo tiene una recompensa, un resultado, incluso un premio. Arriba de todo, una aldea. Una pequeña aldea con casas contadas, con calles solitarias, con una calma todavía mayor a la que siento desde aquí desde donde escribo.


Esta mañana, casi de forma improvisada, decidí emprender ese giro hacia la izquierda, hacia la siniestra. Son fiestas populares aquí y ayer digamos que cuerpo y mente se pusieron de acuerdo para estar de vacaciones. Digamos que comimos bien, nos dejamos llevar y he decidido que hoy tocaba responder a eso con un esfuerzo algo mayor. Feliz San Xoan, por cierto.


Ahí estuve, subiendo esa pendiente, recordando que tengo riñones, que duele cuando fuerzas. Pero hoy no hacía calor (realmente no hace calor a ninguna hora. Aquí vamos todos en manga corta y dormimos tapados) y el trayecto no diré que fue agradable, pero sí mucho más llevadero. Decidí apostar por ese esfuerzo porque arriba, allá en lo alto, allí donde todavía no se apreciaba, esperaba un lugar mágico, tranquilo, silencioso, con un ambiente independiente, propio, y todo iba a valer la pena.


El sol estaba lejos de estar en lo alto por las horas. La calma era total de no ser porque en mis oídos sonaba una fantástica entrevista de Carlos Alsina a Máximo Huerta sobre su nuevo libro. Un nuevo libro del que os hablaré más adelante. El entorno, la tranquilidad, la posibilidad de poder hacer fotos maravillosas (las iré subiendo poco a Fotogramas) y una entrevista que me estaba encantando.


Todo eso, toda esa felicidad, todo ese sentimiento de comodidad. Todo cuando el día de San Xoan firmaba sus primeras horas de luz. Ha sido maravilloso. Bajé por el lado contrario de la aldea y puse rumbo a la rutinaria senda, al conocido sendero para continuar su trayecto y volver a casa sobre las 10:30.


Tenía decidido leer Adiós, amigo estos días. Anoche acabé un especial de La Fábrica con Isabel Coixet que empecé en el tren el pasado martes y que he devorado. Anoche, cuando dejé el libro en la mesita de noche, sabía que hoy iba a ser el turno para Máximo Huerta. Y la entrevista matutina en ese paraje casi surrealista fue la guinda.


He empezado Adiós, amigo y estoy sintiendo algo maravilloso. Llevo poco más de 60 páginas cuando escribo este post y me he trasladado en cada una de sus líneas a mi niñez. Una niñez similar a la que define Máximo. Y no por lo que ocurre, sino por donde ocurre. Ese ambiente lo viví en primera persona. Esas descripciones hielan la piel porque son conocidas, porque han vivido conmigo, porque de repente sientes que alguien ha abierto una puerta tuya.


Me gusta mucho cómo está escrito, su ritmo, su latencia, sus descripciones. Tenía ganas, muchas, de leerlo, pero al mismo tiempo (esta mañana lo he pensado, de hecho, escuchando la entrevista) quería calmarme, no crear altas expectativas porque podría decepcionarme, y no quería.


Aquí encuentro esa calma, ese reencuentro. Ojalá todo fuera tan fácil.

5 visualizaciones

Entradas Recientes

Hace unos días compartí una serie de libros que me encontré casi sin querer en mi estantería. Uno de ellos, El Faro de Dalatangi, de Àxel Torres. Es el libro que he empezado, el último, porque este añ

Ha viajado varias veces este año a València, pero nunca he escrito sobre lo que sentí cuando fui a finales de marzo. Creo que ni siquiera lo he hablado con nadie. El viaje fue un cúmulo de excusas. Re

Me fascina cuando encuentro un término que da sentido a una sensación. No cambia nada, pero siento algo más de seguridad porque sé que tengo una palabra para usar cuando quiero referirme a ello, y no

¿Te ha gustado este post?¿Te ha gustado este post?