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Sobre el cine de Wes Anderson

Hace un par de semanas fui al cine a ver Asteroid City y me sirvió para reencontrarme y reconectar con el cine de Wes Anderson. Nunca me había sentido un enamorado de su obra. Sí me llamaba mucho la atención. Me atraían sus producciones. A eso se le sumaba que tiene muchos detractores y eso, automáticamente en mí, ya me hace posicionarme a su lado.


Pero, como decía líneas atrás, Asteroid City me reenganchó al mundo Anderson. Digo esto porque la anterior, The French Dispatch, me decepcionó. Pocas veces me aburro en una sala de cine y aquella película provocó esa sensación de "A ver si acaba esto ya...". Creo que simplemente tuve una mala tarde. Quiero volver a verla, y creo que aprobaré su historia. Seguramente ocurra.

Bien. Fiel a mí, cuando me da por algo, roza la fascinación y la obsesión. Ya tengo localizadas todas sus películas, porque algunas no las he visto todavía y he leído mucho desde entonces.


¿Por qué me gusta el cine de Wes Anderson?

  • La paleta de color. Es irreconocible. A mucha gente le cansa, le agota, pero confieso que a mí me maravilla. Más cuando me enteré recientemente que Kodak participa en el proceso. Entonces, entendí todo. Estéticamente, la paleta de color es una pieza básica y vital. No hace falta que te digan que es una película de Wes Anderson para saber que es una película de Wes Anderson. Eso, que sea fiel pese a las críticas, me parece admirable.

  • Los movimientos de cámara. Desde que estudié, tengo cierta obsesión por la técnica cinematográfica. Creo que tiene mucho que ver con mi búsqueda continua de la perfección y ver movimientos tan mecánicos, estudiados, medidos, me producen mucho placer.

  • El reparto de sus películas. Se puede decir, sin complejos, que actrices y actores se parten la cara por aparecer en sus películas porque, hacerlo, supone un paso importante en sus respectivas carreras. La cantidad de caras reconocidas que aparecen en sus producciones es un estímulo casi romántico.

  • El ritmo de sus historias. Sé que esto duele a mucha gente, porque necesitan estímulos constantes, vertiginosos, eléctricos. Por eso triunfan sagas de Marvel, supongo. Pero con Wes Anderson no. Es otro rollo. No hay prisa. Como en el rodaje, no hay espacio para el riesgo. A mí me encanta.

  • Sus bandas sonoras. La música acoge. La música abraza. La música te lleva de un lado a otro. La música acompaña y da sentido. Qué maravilla fue el Last train to San Fernando en Asteroid City.

  • La composición milimétrica de sus escenas. Todo está trabajado, preparado y producido hasta el más mínimo detalle. Es obsesivo, pero el resultado, para la gente que ve la película, es una delicia.

  • La simetría. Es de las cosas que más me gustan de sus películas. Muchas veces, ni siquiera valoro la historia. Sólo miro la técnica, cómo están trazadas las escenas, cómo están preparadas, cómo están efectuadas. La posición de los personajes, detalles como ventanas, carteles o puertas. La simetría es casi perfecta.

  • El atrevimiento visual. Podrá gustarte, o no, pero nadie puede dudar de la originalidad y valentía que ofrece en sus películas. Si ves algo parecido, seguramente tenga a Wes Anderson como referente. Todo ello con muchos críticos. Le llueven críticas porque, afirman, sus películas son aburridas y lentas. Pero él vuelve a hacerlo, vuelve a ello y hace oídos sordos. Y sus películas vuelven a triunfar.

  • Confianza de los profesionales a los que acude. El mundo del cine ofrece diferentes formatos, diferentes ideas, diferentes escenarios. El cine de Wes Anderson puede ser considerado mainstream, porque lo ven millones de personas en todo el mundo, pero dentro del universo cinematográfico, está lejos de las masas de consumo rápido. Pese a eso, los grandes actores y actrices, acuden a su llamada, aceptan sus propuestas. Rodar con Wes Anderson es una experiencia, una producción diferente.

  • Barney Pilling y Robert Yeoman. Dos piezas claves artísticas de su trabajo. Wes Anderson lidera el proyecto, lidera la puesta en escena a la hora de rodar, pero luego está rodeado de profesiones extraordinarios que le ayudan a crear la marca Wes Anderson. Como tantos artistas en la Historia, adquiere una firma final que, en muchos casos, es más colectiva que individual.

 
 
 

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