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Nunca he escrito sobre aquello

Ha viajado varias veces este año a València, pero nunca he escrito sobre lo que sentí cuando fui a finales de marzo. Creo que ni siquiera lo he hablado con nadie.


El viaje fue un cúmulo de excusas. Realmente, ahora que vivo en Madrid, siempre ocurre. Cuando voy, lo hago como turista, como forastero. Es algo que me gusta, sinceramente, porque disfruto la estancia y la ciudad como nunca. El lado negativo es la añoranza y el saberse fuera de lugar, pero incluso con esto he aprendido a valorar mis raíces como nunca antes lo había hecho. Digo esto porque cada vez que voy siento que hago muchas cosas, la gran mayoría de ellas organizadas, planificadas, porque es como hacer todo lo que no he hecho durante meses.


Como digo, fui a finales de marzo. Uno de los viajes que he firmado este año 2022. Aquel viaje tuvo visitas familiares, visitas con amistades cercanas, un trámite importante para unos estudios que voy a ejercer y planes diversos a lo alto y ancho de la maravillosa capital del Turia.


Aquellos días fueron previos a una etapa profesional que tal como llegó, se fue. Una etapa prematura, complicada de llevar y que me provocó más de una inseguridad por cómo se desarrolló todo. Sin embargo, debo confesar, aquellos días por València los recuerdo como densos.


Recuerdo aquellos paseos, aquellos planes, aquellas comidas y cenas, y los recuerdo, como digo, densos. Algo dentro de mí me decía que, cuando volviera a la que ahora es mi casa, iniciaba una etapa tan ilusionante como desconcertante. Me ilusionaba formar parte de un proyecto que era referente mundial, pero me desconcertaba porque debía convivir con ciertas relaciones del todo menos cómodas.


La cosa no salió bien, y no sé por qué recuerdo aquellas sensaciones previas, antes de iniciar, cuando debía ser un viaje de desconexión y coger fuerzas. Ahora le doy sentido a aquel desconcierto y malestar.

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