Instagram: estoy haciéndolo a propósito
Hace un tiempo, decidí que quería restar importancia a mi marca personal como creador de contenidos de fútbol. Estoy en ello, me va a costar, porque son automatismos que tengo instalados desde hace casi 17 años y creo que algo de ello siempre estará conmigo.
Digo esto porque, en el último año, he decidido compartir en Instagram lo que me dé la gana. Sencilla y honestamente. Es mi cuenta, es mi rincón, y ahí publico lo que me dé la gana. Y cuento esto porque, durante mucho tiempo (como quizás me sigue ocurriendo en Twitter), hacía contenidos para la gente, y no tanto para mí.
Quiero compartir algo que entendí hace un par de años: cada red social es una movida. Yo tengo mi marca personal (o profesional, como dijo mi psicóloga), pero cada red social tiene un contexto. Te lo explico con un ejemplo muy sencillo: creo un vídeo y lo comparto en Instagram y TikTok, y no obtendré los mismos resultados. Es el mismo vídeo. He invertido el mismo tiempo, trabajo y esfuerzo. En Instagram (seguramente) tenga más visualizaciones e interacciones que en TikTok.
Entender esto fue clave. Fue una de las varias claves (que me guardo) para entender una necesidad personal de dejar de hacer contenidos pensando en la otra parte, de hacer contenidos para mí, como si fuera mi diario creativo. Si la gente lo ve, bien, pero no será el objetivo.
Cuento todo esto porque, últimamente, he empezado a hacer contenidos que me gustan, ideas que nacen dentro de mí y que intento dar forma hasta conseguir un resultado. Y algo más: busco unfollows. Busco compartir esa parte de mí para que la gente que sigue esperando en Instagram cosas de fútbol, el Esteban de MiRondo9 que está en Twitter, se vayan. Si no te interesa mi vida, vete. No te quiero. Prefiero que te vayas. Unfollow. Ok.
Y me da igual. Durante 2-3 años estuve obsesionado por las cifras, por crecer, por crear una comunidad que todavía no sabía para qué usaría. Pero ya no. Ya lo conseguí. Ya lo conseguí y, en consecuencia, trabajé en grandes medios de comunicación, compartí espacio con algún referente que otro, me llevo varias personas a las que quiero y admiro. Pero ya no.
Creo contenidos que me representan y también busco que la gente que no quiera verme, me deje de seguir. Por favor. Y está ocurriendo de una forma orgánica y saludable. En serio. Yo lo necesito, y esas personas, además, se van, y ya. Se marchan sin decirme por qué lo hacen, sin ese derecho autoregalado de hacerte ver que ya no les gustas, que ya no soy lo que era. Todo es perfecto. Adiós y gracias.
Y esto va a ser mi tónica durante un tiempo. No sé cuánto, porque, confieso, detrás de cada publicación sigo teniendo ese ruido mental de un posible comentario tóxico, de algún mensaje insultándome (porque pasaba), de alguna persona que se cree con el derecho de decirte su opinión (como si a mí me importara).
Es maravilloso y, sobre todo, todo está bajo control. Sí, estoy haciendo contenidos para perder followers. Prefiero tener 3.000 a quienes les interesa esa parte de mí que 12.000 que están esperando su ración de polémica. Quizás sea la edad, que también puede ser.

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