Me maté en aquel mensaje
- Esteban Gómez

- hace 48 minutos
- 1 min de lectura
Se envían con una intención, pero mueren, quedan en stand by, olvidados, como aquella serie española buenísima de Cuatro que iba de fantasmas, que nadie recuerda y que desapareció sin dejar rastro.
Hablemos de los mensajes sin respuesta.
Suele ocurrir que no se leen. Bien, porque no están en la bandeja adecuada (seguramente, por elección de la persona receptora, y ya dice mucho), o porque se quedan en leídos. ¿Dónde van esos mensajes? ¿Quién se encarga de darles un abrazo?
Últimamente, me ha pasado. Me pasa más de lo que me gustaría, lo que me hace replantearme qué tipo de amistades/relaciones mantengo y debería zanjar de inmediato. Pero, como digo, últimamente, esta semana, ha pasado lo siguiente: cinco mensajes sin responder. Ni siquiera leídos.
Me maté en aquel mensaje. Aquel mensaje de tipo cualquiera, preguntando cosas diversas, diferentes las unas de las otras... pero sin respuesta.
Quizás me respondan dentro de unos días. O meses, que también ocurre a veces, que al leerlo piensas "No sé ni qué contestarte. No sé qué sentido tiene esta respuesta que me acabas de dar. Ya no soy esa persona." O, directamente, no reciba respuesta.
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