Charlas sobre Finlandia

El pasado domingo tuve una comida muy especial. Después de casi 4 años volvía a ver a una vieja conocida, del sitio donde vivo que, además, veía también en mi sitio donde veraneo. Una persona a quien tengo mucho aprecio, pero que desde hace unos años marchó fuera, a Finlandia, para vivir su experiencia Erasmus y, cosas de la vida, encontró a alguien especial y se quedó allí. Dicho esto, ha venido al pueblo donde veraneo y volvimos a vernos, con una paella y risas de por medio.

Evidentemente, Finlandia iba a ser tema de charla casi de forma segura. Primero, porque tendría muchas cosas que contarnos. Segundo, porque me interesaba mucho el país y le iba a preguntar prácticamente sí o sí. Y así fue.

Como suele pasar a la hora de hablar de otros lugares y países, acabamos soñando y hablando sobre temas y puntos de vista que parecen incluso surrealistas por las enormes diferencias culturales que existen entre el resto y España. Es el caso de Finlandia. Hablamos de todo. Trabajo, cultura, sociedad, ayudas, oportunidades, trabajo… Y se me hacía la boca agua pensando en hacer una locura, hacer una maleta e irme de vuelta con ella. Así, sin pensarlo. Soy de los que piensa que los cambios radicales llegan de la nada, casi sin ser pensados, ya que si se piensan acaban llegando los miedos.

A mi amiga le va genial, en todos los sentidos. No duda en que volverá a España, pero más por temas personales que porque esté mal. De hecho dijo muy pocas cosas malas, por no decir nada. Recientemente vi un reportaje de estos de periodistas que viajan por el mundo hablando con gente española, o de la habla hispana, en Islandia. Ambos países están en el Norte, muy al Norte, alejados de las sociedades puramente continentales, y es cuando aparecen las grandes diferencias. Tal como ella iba a contándome cosas maravillosas (porque todo parece tan infinitamente diferente a España que engancha y enamora de una forma brutal) yo iba a aportando cosas similares, casi idénticas, que había conocido gracias a este reportaje comentado. Estuvimos cerca de dos horas de sobremesa casi únicamente hablando sobre Finlandia, sobre cómo ha cambiado su vida allí, sobre qué piensa cuando habla con amigos de su edad por Skype (me confesó que siente pena por la gran diferencia existente).

Y es aquí cuando vuelvo a hablar de mis expectativas de salir fuera, de hacer esa locura que llevo años queriendo hacer, pero sigue imponiendo. Algún día, estoy convencido. Inglaterra como primera opción, o una locura en plan Finlandia, Islandia, Suecia, Canadá, Alaska, o similares. Las locuras se hacen a lo grande, y es entonces cuando se convierten en experiencias inolvidables que, seguramente, ayuden a progresar mucho en la vida, en todos los ámbitos y aspectos.

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