Lost in football's traslation


Mi amigo Albert fue una de las grandes amistades que conseguí fidelizar durante mi etapa profesional en Barcelona. De hecho, aquel trabajo surgió gracias a él. Entenderéis el aprecio que le tengo. Evidentemente, llevo cerca de un año sin verle, pero con detalles como este me queda clarísimo que esa amistad sigue vigente, latiendo, y es un orgullo.

Debía esperar algo en mi buzón. No sabía el qué, pero debía hacerlo. El pasado lunes, en una conversación de Whatsapp, entre otras cosas, me dijo que le pasara mi dirección de domicilio. Por un evento personal reciente suyo, entendí que sería por eso, pero tampoco acababa de saber qué iba a recibir. Entendía eso, que iba a recibir algo desde Barcelona, pero nada más. Misterio, puro misterio. Intriga, pura intriga.

El viernes sonó el timbre. Era el repartidor. Debía bajar a firmar y recoger un paquete. Sabía, o intuía, que era el envío de Edu. Debo decir que sentía curiosidad. ¿Qué me había enviado? ¿En que se había gastado dinero para, después de un año, querer enviarme un detalle así?

Y sorpresa. Sorpresón. Una emocionante sorpresa. Era un sobre, no un paquete. Un sobre de tamaño grande. Descarté muchas opciones casi de forma inminente, automática, y pensé que podía ser una revista. Compras de revistas como Panenka o Líbero me dieron esa idea, pero ¿por qué iba a enviarme algo así si él no trabaja ahora en una redacción similar? Pues sí, era una revista.

Abrí el sobre y pronto encontré una revista. Vi el nombre de la publicación, Footballista, y el nombre de Totti. Exclamé un "¡Madre mía!". Mi madre me preguntó que qué era, que quién me había enviado eso. Yo no podía creérmelo. Primero, porque no me esperaba algo así y, segundo, porque me pareció un detalle tan especial, tan mágico, tan sano, tan de conocerme a nivel personal... que me maravilló. Saqué la revista y mi cabeza explotó de emoción al darme cuenta que era una revista de fútbol de Japón, en japonés (claro). Al abrirla se confirmaron mis sospechas: estaba en japonés. No entendía nada, ni un pijo. Bueno, sí, ciertos nombres que estaban en inglés, en caligrafía occidental, pero el porcentaje del total era mínimo.

Pronto recordé que Edu había estado hacía muy poco, hacía apenas semanas, en Japón de viaje, y entonces todo cuadraba. Entonces, me encantó más el detallazo. Se había acordado de mí, pese a llevar muchos meses sin vernos, a miles de kilómetros, en Tokyo. ¿Es genial o no es genial? ¿Vale la pena su amistad o no la vale? Por supuesto, sin duda.

Le envié un audio de WhatsApp de cerca de minuto y medio agradeciéndole su regalo, su gigantesco detalle. Y entonces me confesó que tenía la idea en mente, que le costó, pero al final encontró una revista de fútbol japonesa. Y lo mejor, lo que me hizo entender que me conoce, que entiende mi pasión por el fútbol. Me dijo que le parecía un detalle bonito, un recuerdo de un viaje, que sabía que era de las pocas personas que iban a valorar algo así, que sabía que comprando, regalándome algo así, iba a sentir que su pasión por el fútbol, diferente, romántica, iba a encontrar en mi persona un vínculo. Y sólo pude entenderlo como algo pasional.

Detallazo. Así he descubierto una revista de fútbol en Japón. Footballista. Curioso el hecho de que esté escrita en japonés y el nombre sea una mezcla entre inglés y español (Football+Futbolista). Supongo que será por temas de universalidad. Escribo desde la ignorancia total, pero quizás desde del país del Sol Naciente miren al fútbol inglés y español como las grandes referencias. Me parecería lógico. No entiendo nada de la revista, pero me encanta lo bien editada que está, la calidad de sus contenidos (entrevistas a Totti, fotografías, análisis de los torneos con infografías muy atractivas) y ese olor a imprenta que, parece ser, también existe en Japón.

Lost in football traslation.

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