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Uno de mis retos

El pasado 1 de enero, cuando el año 2023 se presentaba por delante con todo su esplendor, pensé en uno de mis retos para estos próximos meses.


No es un reto demasiado importante, ni novedoso, pero sí contextualizado en la siempre exigente rutina. Es una especie de paso adelante en mi consumo de películas, series y documentales, y, por eso, se trata de un interesante objetivo a intentar cumplir.


El año pasado vi 233 producciones. Una cifra que para mí ya suponía una meta cumplida, puesto que, seguramente, 2022 fue el año en el que más audiovisual consumí. Sin embargo, este 2023, quiero dar otro paso adelante y decidí que intentaría ver más producciones que día tiene el año. Es decir, mínimo, 366.


Un reto exigente, interesante, que no sólo se presenta como el objetivo en sí de consumir por consumir, sino que muchas veces (ya me ha pasado anteriormente) llegaré hasta producciones desconocidas, casi silenciadas, que me maravillarán y que me dejarán un detalle digno de ser recordado. Su historia, su fotografía, su elenco de artistas, incluso su idioma (algún día escribiré sobre los doblajes). Hay demasiadas razones por las que producciones audiovisuales me convencen (no quiere decir que maravillen) y, por eso, esta especie de meta personal de consumo de contenidos este año volverá a satisfacer muchas inquietudes.


Un reto interesante. Un reto interesante que, por ahora, estoy cumpliendo. En el momento de escribir estas líneas, todo está encaminado. Queda mucho. Quedan muchas semanas. Quedan meses. Queda todo un año. Pero tengo claro que intentaré ver más contenidos que días tiene un año.

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