Un proyecto de papeles

En la era de lo digital, de lo fugaz, sigo manteniendo mis tradicionales tardes de café. Siempre que puedo, claro. Esta semana, por ejemplo, he tenido que dejarlas aparcadas por la Champions League, pero ya pasó. Y digo tardes de café, pero quiero referirme a tardes de cafeterías cuquis, café, libreta y bolígrafo, claro.

Vivimos en una época muy diferente a lo que vivieron otros. Y no hace falta irse a hace 20 años. Hace 10 años, por ejemplo, la década pasada, las redes sociales, Internet, no tenían el impacto social que tienen ahora mismo. Pasas una tarde fuera de casa, desconectado, y parece que has estado un año haciendo la mili en un búnker. Aunque tiene doble punto de vista. No es que estés desinformado, es que ahora tenemos la obligación popular de estar informado con lo que ha ocurrido desde que te has levantado. Por muy chorrada que sea, por muy tontería que sea, debes saberlo, debes estar metido en el tema porque seguramente mañana tus compañeros de trabajo hablarán de esa noticia absurda que ha pasado en no sé donde, de ese capítulo de esa seria tan de moda, de todo en general.

Pero yo mantengo mi tradición analógica de apuntar. Lo digital tiene ventajas, pero nunca me acabarán de convencer al cien por cien. Ojo, soy uno más de los miles de millones de personas que vivimos pegados a un smartphone, a una red social (Twitter, normalmente) o a un ordenador. Pero cuando tengo que hacer balances, dejar constancia de ideas, de proyectos, siempre acudo al calor del papel. Quizás por mala memoria, que ocurre a veces, pero también porque me sirve para dar visibilidad, para plasmar los proyectos que van a salir.

Puedes pensar que tienes muchas ideas, pero hasta que no las veces en papel, en folios, en pequeñas páginas sueltas, no eres consciente de lo que realmente llevas entre manos. Me ha pasado. Ya trabajo en la vuelta del canal, y al mismo tiempo en la publicación de mi primer libro. Y en ambos casos sabía que tenía muchas ideas, muchas cosas para compartir, de hecho pensaba en ello y sabía que estaban ahí, en mi cabeza, pero siempre flotando, como pendientes de ser expuestas. Es por ello que lo plasmo todo en papel.

Ahora, tengo 23 folios de dimensiones pequeñas (una libreta pequeña, no el clásico DIN A4), y es entonces cuando me doy cuenta de las ideas y lo que se viene en el canal. De hecho, ahora cuando me mude en enero, quiero guardar un rincón para colgarlas todas en un corcho. Será mi rincón de las ideas, el rincón del canal. Pero sólo plasmarlo en papel ya me hace tener otro punto de vista. Ya no son ideas flotando, ni posibles ideas. No. Ahora son ideas físicas, argumentadas, que ya tienen una visibilidad, un cuerpo, y cambia mucho el horizonte. Sobre todo a nivel de emoción y seguridad. Ya veo lo que se viene, ya tengo constancia de lo que estoy preparando. Sobre el canal, además, tengo otro folio con otras 20-25 ideas previstas del que voy cogiendo una por una y pasándolas en esos minifolios para argumentarlas, para expandirme. Pongamos un ejemplo, sin hacer spoilers. Si quisiera compartir mis 10 goles favoritos la idea es esa, mis 10 goles favoritos, pero luego hay que transcribirlos. Es ahí cuando entran en juego los otros folios donde empiezo los guiones a seguir para los futuros vídeos.

Es decir, con las 23 pequeñas hojas ya veo que tengo en mente de verdad 23 vídeos adelantados, con su cuerpo, con su solidez. Ya no son ideas estériles que se balancean entre «Esta idea me gusta» y el «Cuidado, se me pueden olvidar…».

Por eso digo que necesito esas desconexiones diarias para plasmar ideas, para tomar el café que es una simple excusa, para ir y acudir a esas cafeterías que ya me reciben como un inquilino doméstico. Son rutinas bonitas, románticas, casi familiares ya cuando el propietario te recibe con la misma sonrisa del día anterior sabiendo que le vas a pedir «un café con leche en vaso grande, porfa». Él ya lo sabe, tú ya lo sabes. También sabe que vas a sacar tu ordenador para escuchar tu música y que seguramente pasarás varias horas ahí, en tu mundo, escribiendo con letra pequeña.

Lo digital está bien, tiene ventajas, pero es fugaz, de vida corta. Lo que hoy es noticia mañana perderá su validez porque en la era del ritmo vertiginoso lo noticiable se esconde entre miles de noticias que realmente son anécdotas y mañana habrá cientos de contenidos iguales, calcados. Mañana tu cantante favorito volverá a subir una foto «picante» que hará clics en los medios, tu futbolista famoso volverá a mandar un mensaje encriptado en Instagram Stories que los medios enfocarán y manipularán según su escaparate. Y al día siguiente, igual.

Escriban. Lleven con ustedes una libreta y un bolígrafo, un papel o un lápiz. Plasmen ideas, den forma a sus proyectos, a sus ilusiones, incluso a sus sueños.

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