¿Qué pasa realmente con el FC Barcelona?


El FC Barcelona creó una expectativas gigantescas el pasado verano cuando, tras una serie de movimientos institucionales que llegaron las arcas, formaron una plantilla que, aparentemente, parecía estar llamada a firmar grandes objetivos en la presente temporada.


Unas expectativas que, en cambio, no ha ido cumpliendo desde el inicio de curso deportivo y su exigencia se ha visto desvirtuada notablemente. Evidentemente, se habla de fracaso, o de no haber cumplido expectativas, y en parte parece correcto.


Su mala fase de grupos en Champions League, sumado a derrotas en grandes citas incluido en el Clásico contra su archienemigo, Real Madrid, hicieron que la opinión popular de conocidos y extraños se echara sobre su dinámica.


Y objetivamente es razonable, puede haber razones, puede tener argumentos que financien lógicamente todo lo que se ha ido hablando, escribiendo y exponiendo de ellos en los últimos meses. Es cierto. No están siendo regulares, no están sacando adelante partidos importantes y, en consecuencia, sus expectativas están lejos, muy lejos, de ser cumplidas.


Pero, ¿dónde está realmente la sorpresa? Seguramente esté en las mentes de aquellas personas que no entiendan la lógica, que no entiendan de grandes cambios, que piensan que todo es lineal, quienes no conocen ni entienden el término adaptación.

La expectación por ver a este FC Barcelona era muy alta. Fichajes como Lewandowski, Koundé, Bellerín, Marcos Alonso, Raphinha, Kessié o Christensen hacían que el equipo se viera reforzado de forma espectacular. No eran incorporaciones cualquiera. No eran refuerzos desconocidos.


Los catalanes firmaban buenos futbolistas para crear un proyecto cuanto menos apetecible de ver, cuanto menos atractivo, cuanto menos interesante. Evidentemente, la irregularidad no entraba en los planes, no estaba prevista, y es por ello que ahora todo descoloca.

Pero, insisto, ¿dónde está realmente la sorpresa? Sorpresa, en ningún lado. Decepción, quizás, un término más permisivo. El análisis real ahora debería ser ese, el de una transformación notable, muy importante, que necesita entre otras muchas cosas tiempo.

¿Quién pensaba que el FC Barcelona iba a rendir al 100% desde el primer día? Mucha gente, pero simplemente desde la emoción, desde la expectativa, desde del deseo y desde el sueño. No desde ninguna lógica posible.


Tanto movimiento, tanto cambio, hace que la lógica previsible sea la de un tiempo de adaptación, la de un rodaje necesario para ajustar todo, la de un camino para ir puliendo detalles.

Todo lo que esté fuera de eso es un tanto injusto.

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