¿Por qué la gente no va al cine realmente?

Desde que se reabrieron las salas de cine tras el confinamiento he venido escuchando una misma melodía orientada a la razón real por la que la asistencia ha bajado de forma preocupante. Y el tema ha seguido latiendo porque las cifras no llegan, la reacción no existe y, claro está, el debate sigue siendo tan preocupante.


¿Por qué la gente no va realmente al cine?


Se ha venido hablando mucho sobre la seguridad, sobre la situación de estar encerrados en un espacio cerrado, pero ¿es realmente el factor más determinante? No dudo que lo fuera los primeros meses, cuando las medidas sanitarias todavía eran importantes. Yo era el primero que sentía cierta inseguridad cuando acudía a mi sala de confianza.


Iba, eso sí. De hecho, me ha parecido una de las mejores etapas para ir al cine. Menos gente, más comodidad y más tranquilidad. Incluso alguna que otra oferta importante. Es la realidad.


Ahora ha cambiado un poco el panorama, porque es cierto que coincido con algo más de espectadores, pero realmente la situación está a años luz de lo que vivíamos antes de la explosión sanitaria que marcó nuestras vidas.


Pero, ¿la gente no va al cine por miedo o preocupación? Sinceramente, creo que no. Ya no. No niego que haya gente que no le apetezca, pero no le apetece por pereza, porque en tu sofá tienes decenas de contenidos a la carta para ver cómo quieres, cuando quieres y donde quieres. En pijama, semidesnudo (o totalmente). Por la mañana, por la tarde, por la noche o por la madrugada. En el aseo, mientras cocinas, tirado en el sofá, en el despacho mientras haces tareas.


Es la gran batalla. Las plataformas digitales han sido clave absoluta para que las personas no acudan de la misma forma que hace 4-5 años a las salas de cine. No hay debate. Si a esto se le suman otros factores como el ya comentado "temor" a los espacios cerrados por la COVID-19 o la cada vez más pobre oferta de cartelera el resultado sólo puede ser negativo, gris, decepcionante.


Por ello ya empieza a patinarme que, cuando escucho secciones de cine en radio, por ejemplo, se siga hablando de la pandemia como causa mayor para que la recaudación semanal siga bajando, siga estando lejos de sus mejores años.


Acabo con una postura personal. Sigo yendo a las salas, sigo esperando los estrenos de los viernes. Es uno de mis días favoritos. Pero, ¿es lógico pagar cerca de 9 euros por una entrada? La pago, pero debo confesar que muchas veces hago de tripas corazón, intento concienciarme de que así apoyo a uno de mis sectores favoritos, porque por mucho romanticismo que quiera añadir es caro. Es bastante caro. Por ello voy cambiando de sala, entre mis opciones, para ir buscando en muchas ocasiones entradas más baratas.

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