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Otro reto desbloqueado

Recordar cuando quisieron cerrarme la cuenta


Esta semana he llegado a la imponente cifra de 70.000 seguidores en Twitter. Me sigue generando el mismo descontrol emocional del primer día: ninguno. Me hace ilusión, pero ni me ciega, ni me relaja, ni me hace sentirme bien, realmente. A más seguidores, más escaparate y, en consecuencia, la probabilidad de que lleguen críticas, toxicidad o comentarios negativos aumenta peligrosamente.

Sin embargo, contaré algo de por qué sí debo valorarlo, de por qué sí debe hacerme ilusión. En 2016, pasé un desagradable momento que se extendió a cerca de un año. Me suspendieron la cuenta por un incumplimiento de las reglas al compartir un gol con derechos de la Premier League. Hasta ahí, normal. Hasta ahí, un aviso, ya que era una suspensión temporal a modo de aviso, con reactivación días después. Pero todo se truncó hasta hacerme sentir perdido, mal y disgustado.


Un ejército de bots procedente de una persona muy relacionada con uno de los clubes más relevantes de España decidieron denunciar una serie de tweets para, en consecuencia, volver a suspenderme la cuenta porque la reciente suspensión anterior era un aviso que, de esa forma, volvía a incumplir. Estoy seguro de que ese club quiso silenciar mi cuenta porque, de forma sorprendente y sin complejos, así lo confirmó un troglodita en una (supuesta) tertulia de televisión con algo así como "Sí, trabajé para cerrar cuentas antimadridistas".


Aquello me generó demasiadas sensaciones. Por un lado, la impotencia de decir "¿En serio este tipo, con esa cara, con esa fábrica de complejos como cuerpo, me ha afectado?". Por otro lado, ¿era antimadridista? Mejor dicho, ¿mi cuenta de Twitter era antimadridista? Debo decir que muchos de los tweets denunciados eran de contenidos relacionados al FC Barcelona. Por lo tanto, para ese tipo de personas con reflexión limitada, entraba en el círculo. Pero, lo más importante, lo que más me dolía fue perder casi de forma automática, de forma totalmente injusta, una cuenta que llevaba años trabajando, que era una especie de portafolio para mi trabajo. Aquella primera tarde-noche (era verano, estaba junto amigos cenando en una calle de mi pueblo) fue un poco dura, lo confieso.

¿Por qué recuperé la cuenta? ¿Cómo lo conseguí? Debo decir que aprendí mucho de todo aquello. Primero, que hay gentuza sin escrúpulos que sigue generando a golpe de clic censura pura. Sin embargo, sobre la plataforma, entendí que los bots que denunciaban tenían un "vacío legal": son eso, bots. Las denuncias habían sido realizadas por bots automatizados, no por personas físicas.


¿Qué pasaba? Que yo podía reclamar que las denuncias no eran justas, que era un error. Entonces, Twitter me decía que aceptaba mi reclamación y, si en diez días nadie me contestaba por la parte denunciante, el caso quedaba cerrado a mi favor. Reitero, eran bots. Los bots tenían la función de denunciar, sin más, no de posicionarse en una reclamación. Por lo tanto, lo conseguí. Lo conseguí como 4-5 veces, porque cada vez que recuperaba la cuenta los bots volvían al ataque.


Así, varias veces, durante varios meses. Varios meses en los que llegué a tener miedo a mirar el correo por un posible correo de Twitter anunciándome una nueva denuncia. Así, hasta que conseguí borrar todos los tweets. Sin tweets antiguos, no habría contenidos para denunciar.


Te cuento todo esto porque, tras recuperar y estabilizar mi cuenta, tenía como 48.000 seguidores. 48.000 seguidores que había ganado a pulso, a trabajo diario, con una dedicación de 24/7, con muchos contenidos compartidos, con muchos partidos disfrutados y analizados. Aquellos 48.000 seguidores se han convertido esta semana en 70.000. Un aumento que se ha producido en siete años.


El crecimiento desde entonces ha sido menor, más lento que antes, pero evidentemente ahora voy con pies de plomo con los contenidos que ofrezco. Por ello, valoro enormemente haber seguido creciendo.


Creciendo callando a todos los haters que se alegraron por mi suspensión (aquello me hizo mucho daño). Creciendo solidificando mi confianza ante ese poder oculto que quiso silenciar mi trabajo. Creciendo dejando claro que, pese a todo, mi pasión por las redes sociales sigue latiendo tanto tiempo después, con tanta barrera superada.


70.000 seguidores, después de 13 años desde que creé la cuenta.




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