¡Nuevos inquilinos en mi biblioteca!

Desde hace tiempo vengo comentando que la fotografía se ha convertido en uno de mis pasatiempos favoritos en el último año. Para desconectar, para poner en práctica mis conocimientos adquiridos cuando estudié y para seguir abriendo camino en mis necesidades personales.


También me encanta dejarme escapar por librerías. Me parecen lugares de desconexión, de tranquilidad en la vorágine que nos rodea. Sitios en los que muchas veces encuentro inspiración y me ayudan a seguir escribiendo el libro que tengo entre manos desde hace mucho tiempo.


Hace relativamente poco encontré dos libros que me enamoraron. Tal cual. Por su diseño, por su formato, por su estética y, evidentemente, por su temática. Como digo, la fotografía está siendo una vía de escape en los últimos meses y la sección de libros relacionados a este tema se ha convertido en uno de mis rincones favoritos.


Encontré dos libros, como digo: El Taller de Narración Fotográfica y El fotógrafo de bolsillo. Me entraron por los ojos. Activaron sus imanes. Y lo hicieron muy bien. Lo hicieron muy bien porque me enamoré de ellos. Sabía que me gustaron, que me parecían súper interesantes, que me podían aportar muchísimo. Pero cuando los he recibido esta mañana, entonces, me he dado cuenta de que me fascinan.

He sentido un cosquilleo muy especial. He sentido algo innato, natural, casi mágico. Y ahora miro a la estantería blanca que protege mi despacho. No puedo evitar emitir una sincera y tímida sonrisa.


En las próximas semanas iré consultándolos, iré mirando sus mágicas páginas, iré leyéndolos, iré (seguramente) poniendo en práctica ejercicios que encuentre en su interior.


No puedo estar más feliz.

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