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Miedo

Me tocó trabajar en un medio de comunicación durante la pandemia, en 2020. Era un medio deportivo, pero cuando las altas esferas (por puesto, no por competencias) vieron que daba clics, ahí estábamos el equipo de redes y contenidos dándole visibilidad. Es tal cual. "Esto le gusta a la gente", me dijo un compañero por Whatsapp una tarde, cuando compartíamos 2-3 horas de turno, ya teletrabajando.


Aquellos días, los medios de comunicación explotaron muchas dinámicas que, me temo, algunas todavía siguen latiendo en el día a día. No lo vi tanto en el medio para el que trabajaba. Básicamente, supongo, porque era un medio deportivo y el foco informativo no estaba tan centrado en la actualidad fuera de lo deportivo (o futbolístico, en gran medida). Pero sí me di cuenta de algo.


El miedo da dinero. No en sí. El miedo, plantearlo, darle visibilidad, instalándolo en las mentes con las herramientas y foco de los medios, da dinero. Genera clics, audiencias, y eso para los medios, que son empresas (siempre debemos recordarlo), lo saben.


Pasó en la pandemia. Las cifras volaban, iban y venían. Gracias a los medios acabamos normalizando cientos de muertes diarias. O las que nos decían, claro. Pero he vuelto a sentir lo mismo estos últimos días.


La DANA que ha arrasado una gran zona de poblaciones cercanas a València ha provocado que el desastre fuera el plato principal de audiencias. La gente, evidentemente, estaba preocupada, quería interesarse, quería informarse para, en muchos casos, poder ayudar a las afectadas y afectados. Pero el miedo latía, se expandía con cada titular, con cada información (alguna sin verificar), con cada testimonio.


Lo entiendo. Lo entendía. Yo fui el primero. Desde la distancia, lo que veía y sentía por mi tierra, con gente cercana afectada, me rompió el corazón. Pero me he dado cuenta esta semana que ha vuelto a pasar.


El miedo está instalado. Cuando muchas familias siguen intentando salir del lodo de la DANA de hace unas semanas, otro aviso. Otro temporal se instalaría en muchas zonas de España. Y entonces, ahí están. Ahí han estado de nuevo los medios de comunicación, pero con cierto tufillo.


He sentido que se ha intentado provocar un miedo que, por razones obvias, era premeditado. Con la reciente experiencia previa, tenían las herramientas, sabían cómo cubrirlo y, sobre todo, presentarlo. En esta segunda DANA, me constaba que no era ni igual de fuerte ni iba a pasar algo similar. Era lógico y evidente. Pero la cobertura de los medios la colocaron a la altura de lo ocurrido, sobre todo, en València. Crearon la alarma bajo la premisa de "nuestro deber es informar", exagerando.


24 horas después del momento más, supuestamente, crítico, nada. Calles inundadas, pero sin más. ¿Por qué, entonces, crear la alarma a la altura de lo anterior? Para generar miedo. Dicen, bajo el miedo una sociedad se controla mucho mejor y aquí, me temo, todo esto ha estado presente. Tras una DANA tan trágica como pobre a nivel de errores, ahora todos han querido estar a la altura, pero han exagerado.


Una práctica que, me temo, está siendo tendencia desde 2020. Y lo que nos queda, supongo.

 
 
 

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