Microcuento: sábado, día libre

Se había duchado con agua fría. Un estudio reciente, leído la noche anterior, aseguraba que ayuda al organismo a despertarse antes. Para no hacerlo. Y además, ayuda al ahorro de agua. Puede parecer científico, pero es lógica. Si el agua está fría, no te enamoras del agua de la misma forma. Desayunaba, con la radio de fondo, con el boletín de las 8:00. Como ya era habitual, pocas noticias positivas. Política, economía, sociedad, deportes. Nada que se saliera de la rutina. El café recién hecho le agradaba. Era de las personas que se sienten atraídas por el aroma del café y luego no les sabe igual. Casi un hechizo digno de una sirena en el mar, de físico imponente, atractiva, pero de corazón malicioso. Miraba las portadas de prensa desde el iPad. Como en la radio, monotemas, nada novedoso y, por desgracia, nada positivo. Estaba ante un día diferente. No se trataba de un día cualquiera. Era sábado. Había madrugado. No se había dado cuenta del fallo, pero vivía ese momento desde un contexto diferente. Todavía no era consciente. Todavía no se sentía idiota. El destino ya lo sabía, pero quería seguir con la broma un rato más.

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