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Mi primera vez en un estadio inglés

En 2019 visité por primera vez Reino Unido. Seguramente, mucho más tarde de lo deseado y esperado, pero vino así, y así ocurrió.


Recuerdo aquel primer viaje. Recuerdo aquel momento en el que mi pareja, mirando por la ventana, me avisó de que ya se veía Gran Bretaña. Ese momento, lo confieso, fue muy emotivo. Sentí algo parecido como llegar a casa. Una casa que visitaba por primera vez tras muchos años oyendo, escuchando y escribiendo cosas sobre ella. No llegué a emocionarme, pero por poco. Tengo guardado ese frame mental. No sé si sería Brighton, Southampton, Bournemouth o Portsmouth, pero recuerdo esa vista aérea sabiendo que era la 'tierra prometida'.


Fue un viaje dividido en dos. Una semana en (mi admirada) Londres, mientras que la segunda estaríamos en Exeter, lugar donde vivió mi pareja y que, tras contarme cientos de anécdotas e historias, acabó de convencerme.


Londres me colapsó en aquel primer viaje. Sentí algo parecido con Barcelona, cuando la visité por primera vez en 2014. Sentí que el agobio era inadmisible, que no conocía nada, que no me sentía seguro, que estaba muy perdido. Pero ahora lo recuerdo y siento algo demasiado especial. Han pasado muchas cosas desde entonces, he cambiado mucho, he evolucionado, he sanado heridas y me he convertido en la persona que quiero ser. Ahora volvería y, creo, disfrutaría mucho más.


Pero mi primer partido en un estadio de fútbol inglés fue en Exeter, contra todo pronóstico. Nunca hubiera pensado (teniendo en cuenta mi sentimiento por Londres) que sería allí, pero ocurrió. Ocurrió en la segunda semana de septiembre de 2019, en St. James' Park, el 14 de septiembre, en un Exeter City-Leyton Orient de la League Two Inglesa. Mi primer partido inglés fue en cuarta categoría inglesa. Alguna vez he pensado en el Leyton Orient, equipo londinense. De alguna manera, Londres estuvo presente.


El partido fue a las 15:00 (16:00 en España) y fue un plan totalmente improvisado. Por la mañana, le dije a mi pareja que había partido y ella, lejos de dejarlo pasar, fue la que decidió que iríamos. Se vino arriba y cuando me quise dar cuenta, había ido al estadio (nos alojábamos a una media hora) y me estaba llamando para decirme que teníamos entradas (dos entradas casi 50 libras) y que empezaba a haber ambiente. Estaba viendo el Liverpool-Newcastle (3-1) y decidí acudir cuando acabara. Me fui antes, claro, porque no llegaría bien de tiempo.

La fotografía es del Exeter City. No hice demasiadas fotografías, porque grabé vídeos.

El ambiente era bonito, familiar y emocionante. Había un murmullo clásico de aledaños de estadio en día de partido, con la diferencia de que era en inglés. Recuerdo encontrarme con mi pareja fuera del estadio, justo en la entrada al recinto (se podía entrar ahí gratuitamente), y decidimos entrar a nuestro primer partido de fútbol inglés.


Acudimos a la tienda para echar una ojeada y para comprar la bufanda del Exeter que está en mi despacho. Luego, con unos 45 minutos por delante, nos pusimos en la cola para comprar un par de hamburguesas con patatas, uno de los clásicos menús de estadio. Ahí, mientras esperábamos, mi pareja y yo hablábamos de algo, cuando un señor dos posiciones por delante se giró, nos miró y nos preguntó "¿Sois españoles?". Mi primera reacción fue "Joder, ¿nos conocen por el acento?". Pero no. El hombre, súper simpático y amable, nos contó prácticamente su vida, con algunas anécdotas, entre las que destacaron sus vacaciones en un pueblo costero de la provincia de Málaga y, por ello, localizó geográficamente el español.


Todo esto, insisto, fuera del estadio. Dentro del recinto, estaba la tienda, el puesto de comida callejera, el bar del estadio, un mural con fotografías históricas y un rincón para juegos infantiles. Luego, había que entrar al estadio, con los famosos tornos y con el show por delante.


Nos comimos nuestra hamburguesa con patatas de pie, en un rincón preparado para ello. Hacía un sol fascinante, sin calor, con una breve cortina de aire que convertía la escena en algo casi perfecto. Recuerdo el momento como paz total. Estaba acompañado de la persona más especial de mi vida, a miles de kilómetros de casa, viviendo en primera persona una sensación demasiado esperada y a escasos minutos de entrar por primera vez en mi vida a un estadio inglés.


Llegamos al torno, en una de las esquinas del estadio, y fue muy especial. Es un tanto raro, pero tras haberlo visto muchísimas veces en vídeos y fotografías. Una persona se encontraba dentro por si teníamos problema con el código de nuestra entrada, pero todo funcionó bien. Primero, entré yo. Luego, mi pareja. Y delante de nosotros, un pequeño pasillo ancho que ya dejaba entrever la grada lateral que está frente a Tribuna. Llegamos al final y fue una sensación emocionante.


Uno de los fondos, el que quedaba más cerca, estaba repleto de gente. No exagero si había como 1.000-1.500 personas de pie cantando, animando, con el color rojo como nota predominante, con tambores, con una mezcla de adultos y niños que ya esperaban por ver a los suyos. Ese fondo fue un descubrimiento total. Ese fondo tenía más ambiente que algunos partidos de Primera División en España. Ni qué decir respecto al resto de categorías españoles. Increíble.


Buscábamos la victoria del Exeter City (desde aquella tarde, les sigo desde la distancia, ya casi cinco años después), pero el Leyton Orient lo puso complicado. Los Grecians se adelantaron justo antes del descanso gracias al gol de Pierce Sweeney, en la portería más alejada de nuestra posición central. Recuerdo aquel "Yes!" que me salió automático, casi interiorizado. Tras muchos años pensando en ello, en la decisión de decir "Yes!" y no "¡Gol!" en el momento de la verdad, salió, ocurrió, y me encontré gritando aquel gol de un equipo de cuarta categoría como si fuera el equipo de mi vida.


El Leyton Orient quiso aguarnos la fiesta, y casi lo consigue. Justo antes del descanso, casi de forma automática, colocaron el 1-1 y, ya en la segunda parte, justo después del descanso, llegó el 1-2. No podía ser. Por lo que había investigado, el Exeter City era favorito. No extremadamente, pero sí partía como favorito a la victoria. Aquel 1-2 no entraba en lo previsto y, finalmente, la fiesta no pudo ser total, pero sí acabaría en éxtasis. Tras un final de partido de claro dominio local, el Exeter City empató en el minuto 92, de penalti. Recuerdo la explosión del "¡Penalti!", primero, y del "Yes!", posterior.


Empatamos en aquella primera tarde, con una luz especial, con las vistas de las características casas en el horizonte y siendo mi primera vez. Llegarán momentos más vibrantes, más preparados, pero nunca será la primera vez. Ese honor recayó y siempre permanecerá en St. James' Park, en Exeter.


Quizás este año vuelva a Reino Unido, y sería interesante volver a organizar una escapada (ojalá mínimo una semana) a esa población. Quizás fue fruto de todo lo que suponía estar allí en aquel momento, pero me fascinó todo lo que viví, desde la gente al entorno, desde los lugares que descubrí a los horarios y rutina que viven. Sería un sueño, seguramente, pero el Brexit es una barrera importante ahora mismo.

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