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Mi nuevo lugar de paz

Siempre he sido muy de sitios. Sitios propios, personales, pero también sitios de mucha gente, franquicias de grandes empresas. Mis sitios, al fin y al cabo. Uno de ellos, la FNAC, ese lugar de la cultura en el que tantas veces he soñado cuando las cosas iban mal, y ese lugar en el que desconecto ahora que todo funciona bien.


Digo esto, te cuento todo esto, porque aquí, en Vitoria-Gasteiz, donde vivo desde hace casi tres meses, he encontrado un lugar que, pese a que no es lo mismo, se asemeja. Se asemeja en muchas cosas, pero incluso lo mejora en otras.


Se trata de Elkar, una franquicia que descubrí (sin saber) hace años, en mi primer visita a Donostia, y que se ha convertido en una de mis visitas semanales. Libros y, sobre todo, material de Bellas Artes. Me encanta. Su tranquilidad, la inmensa variedad de productos, el sentir que siempre hay estímulos. Es, sin duda, uno de mis rincones favoritos de estas semanas.


Es el típico sitio en el que siempre, siempre, te vas con la sensación de haberte tenido que controlar a nivel de gastos.


La sección de libros me gusta, pero, sinceramente, no ofrece ninguna gran novedad. Mucha variedad, muchas secciones, muchos ejemplares, sí, pero como en FNAC o El Corte Inglés, por ejemplo. Es así. Pero, respecto a material de Bellas Artes, no hay color. Es una delicia.


Yo ni sé pintar, ni dibujar, pero confieso que me encantan los materiales. Pinceles, acuarelas, acrílicos, gouache, libretas, bolígrafos, cuadernos para pintar... Me maravilla. Me maravilla y Elkar se ha convertido en uno de mis lugares favoritos por muchas cosas.

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