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Me niego

Hoy hablaré sobre un tema que empieza a cansarme. Sigo dos podcasts diarios sobre la actualidad del Valencia CF y siento que se han encallado en la toxicidad y negatividad porque, entiendo, es lo que más vende. Pero desde hace unas semanas siento que están pasándose de la raya, que están estirando un chicle que ya ni tiene sabor ni elasticidad.


Tanta negatividad, tanto tema extra-deportivo, no es necesario. Y digo que no es necesario partiendo de la base de que la situación institucional (que acaba afectando a lo que ocurre sobre el césped) es dantesca, seguramente la peor en la historia del club. Es una realidad. Pero, ¿por qué la putrefacción informativa lo inunda todo?


Me he pasado todo el verano escuchando argumentos (teóricamente) preocupantes sobre la juventud e inexperiencia de la plantilla. Y, claro, existen, pero ¿por qué se sigue hablando de eso? No coincido en absoluto con esa corriente de negatividad, supuesta preocupación y toxicidad. Me niego. Me niego porque así lo siento.


Este Valencia está lejísimos de ser el mejor de la historia, está a años luz de aquellos dorados años en los que se codeaba con los más grandes de España y Europa. Es la realidad, la dura realidad que vive el club desde hace tres-cuatro años. Sin embargo, excederse en el barro, en el recuerdo de lo mal que se está, lejos de ser sano es, además, un impedimento para ver la realidad en términos deportivos.


No es la plantilla deseada, pero veo a jugadores como Javi Guerra, André Almeida, Pepelu, Fran Pérez, Amallah, Diego López o (cuando se recupere) Alberto Marí y, muy sinceramente, me atrae la idea de verles jugar. Quizás sea la desolación de ver cómo todo está ardiendo y derruyéndose, pero yo veo esos jugadores sobre el campo y me apetece verlos. No son megaestrellas, seguramente no ganen títulos a corto plazo vestidos de blanquinegro, pero me ilusionan.


Y es ahí, en ese escenario apocalíptico, en ese contexto de negatividad y toxicidad diarias, donde se lanzan mensajes tan polémicos como dañinos para la mente, cuando me niego. Me niego a creer que esta plantilla no tiene nivel, que su juventud se traduce en nerviosismo, que los jugadores jóvenes no son capaces de aguantar la presión. Lo siento, pero no. Me niego. Me niego rotundamente. No es el mejor equipo del mundo, ni de la historia, pero tiene puntos a favor que se deben saborear y disfrutar.


Está bien narrar la rutina dantesca diaria a nivel institucional, es correcto comentar los vaivenes que da el club desde las oficinas, pero vengo teniendo la sensación desde hace semanas (justo días antes del debut ante el Sevilla) de que ciertos medios se aferran a la polémica y lo negativo como un tarro dulce de miel al que acuden moscas.


Esto me lleva a plantearme si debería dejar de escuchar esos programas. Al menos durante un tiempo, para intentar así saborear de verdad los (pocos) puntos positivos que sí veo en este Valencia. No por repetir 1.000 millones de veces lo mal que está el club, la mala gestión de Peter Lim, Meriton y sus fieles sirvientes, va a mejorar nada.


La clave va a ser el cierre de mercado. Si ahí, en ese contexto en el que el club no debe responder en materia de fichajes (ahora sí), siguen con la misma corriente informativa y la misma editorial diaria, me temo que se les verá demasiado el plumero. Los adalides de la información niegan la evidencia y se excusan, por ahora, en que la situación es demasiado trágica y preocupante como para dejarla en el olvido, porque el valencianismo debe saber y estar al corriente. Y tienen razón, seguramente. Pero cuando la tónica es siempre la misma, durante meses, con el mercado abierto, con el mercado cerrado, tachando la plantilla de floja (cuando tiene cosas interesantes a valorar)... Es cuando el mensaje de "No queremos hablar de polémica" cae por su propio peso.


En fin. Me niego a recibir impactos que no quiero. Me niego a creer que el equipo, en términos deportivos, está tan tan mal como afirman, es tan tan flojo como dicen.


Siento algo especial cuando Javi Guerra tiene el balón. Me gusta ver cómo se desenvuelven exteriormente Diego López o Fran Pérez. Tengo ilusión por ver a Amallah. Siento cosquilleo cuando el balón cae en los pies de André Almeida. Tengo mucha confianza en Pepelu. Y algunos argumentos más que me hacen creer que la situación no es tan trágica. Es preocupante a nivel institucional, indudablemente, por supuesto, pero ya basta.

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