La nave vuela sin piloto

Descontrol. O lo que es lo mismo, falta de control. Es así. Cada día, a diario, todos los días de la semana. Miremos donde miremos existe un descontrol general que, sinceramente, me preocupa cada vez más. Vivimos tiempos convulsos a nivel global que dejan detalles, digamos, curiosos, por no decir preocupantes. Evidentemente, para unos serán preocupantes, y para otros lo normal, lógico y deseado. Para mí, preocupantes. Preocupantes porque presentan una clara ausencia de valores, o una desorientación social, política, cultural y de educación que no transmite el mismo aura con el que he crecido, que he tenido en mi contexto cercano, en mi entorno doméstico, y ahora, ya de adulto, me preocupa.

Una corriente que empieza a ser más grande de lo debido. Una corriente de ideales, filosofías, opiniones, que se está convirtiendo en rutina. La ultraderecha ganando terreno, las políticas conservadoras ganando adeptos, el ego de la gente aumentando a pasos agigantados, el egoísmo ganando enteros, la batalla de tiburones que antes se disputaba bajo el océano viviéndola cada vez más cerca de la superficie. Y todo ello en la era de las redes sociales, donde lo superficial, lo fugaz y lo valiente hace acto de presencia. La era de los bulos, de las mentiras, de la desinformación, de la creación de lo viral (sea o no verdad, sea o no mentira). Una época donde existe más herramientas de difusión que nunca, pero que en cambio se usan de formas muy diferentes a las de sus orígenes.

Mires donde mires. En la calle, en los medios, en el metro. En cada vez más lugares. Una falta de valores y educación muy preocupante. Una carrera social en la que los ideales de tiempos pasados han dejado de ser catalogados como vintage para ser subrayados en tonos grises VHS del NO-DO. Tiempos ya vividos por nuestros abuelos, abuelas por los familiares cercanos de nuestros padres. Tiempos pasados que ya creíamos enterrados, guardados en ese baúl de tonos rancios, pesado, que nadie quiere abrir en la casa del pueblo porque huele a cerrado, porque tiene polvo, y porque su diseño es demasiado vulgar.

Vivimos tiempos diferentes, por no decir preocupantes, ya que en el horizonte ya asoman ciertos síntomas de cambio que, en lugar de suponer pasos adelante, parecen presentar diapositivas sin color, de calidad analógica e impregnados en una tinta antigua. La nave vuela sin piloto, y todos, todas, viajamos en ella.

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