Fotografía, ¿digital o analógica?

La fotografía siempre ha estado presente en mi vida. De forma directa o secundaria, pero siempre estaba de pie en una esquina esperando su momento. Desde hace unos años, más. Cuando estudié Producción de Audiovisuales me di cuenta que la fotografía es la base del vídeo y, tras asumir semejante descubrimiento, decidí que, cuando fuera, me pondría a ello.


No soy experto (jamás lo pensaré, aunque consiga hacer fotografías espectaculares), pero he ido adentrándome en el mundo de la fotografía desde hace tiempo con mi iPhone, una cámara compacta, otra réflex y, por último, con una analógica que rescaté de casas de mis padres. Tengo otra analógica, pero no he disparado nunca con ella porque el objetivo tiene hongos y me gustaría arreglarla.


Digo todo esto porque he tenido altibajos en mis gustos. Empecé, claro, con lo digital, pero cuando tuve en mis manos una cámara analógica decidí embarcarme en este escenario a modo de terapia. Pensé que pensar de verdad en qué fotos iba a hacer, pensar realmente lo que quería captar sabiendo que esa foto gastaría carrete, me ayudaría a desconectar durante esos momentos en los que decidiera salir con la cámara a hacer fotos.


Mi experiencia analógico me gusta. Creo que el factor sorpresa de ver si tus fotos han salido bien, si han salido como se esperaba (imagina esto en el ámbito del blanco y negro), si alguna ha salido borrosa, si ha salido alguno de tus dedos, o directamente ver fotos que incluso ni te acordabas porque fueron improvisadas en un momento ya borrado.


Bastante caro el tema del revelado, debo confesar. No sé si es tema de Madrid, o en general, pero unos 18 euros más el carrete (que tampoco son baratos), es un tema bastante para pensar. Creo que está bien para de vez en cuando, para vivir una experiencia temporal o durante un largo periodo (fotos cada cierto tiempo), pero como formato habitual, en mi caso, ha quedado como aparcado.


Y este escenario también tuvo un cambio considerable en una sesión de fotos que hice hace unas semanas. Me di cuenta que la réflex me ofrecía muchas opciones. Sobre todo, opciones que antes tenía ocultas porque en todo este tiempo he aprendido mucho y no recordaba poder hacerlo. Me gusta, mucho.


Entonces, tras aquella sesión, siento que el romanticismo de la fotografía analógica sigue, late, pero de forma diferente. Durante unos meses pensé que quería disparar sólo en analógico porque para digital tenía el móvil (actualizo semanalmente mi sección Fotogramas), pero ahora mismo me planteo qué quiero realmente.


Para empezar, debería querer todo. Que ahora me quiera centrar en digital no quiere decir que deba desterrar a la analógica. Aparcarla, bien, pero no olvidarla. Algún día volverá a renacerme firmemente la sensación, pero hasta entonces lo digital estará en el primer foco.


Con el móvil para mi querido formato 1:1 y la réflex cuando quiera vivir la experiencia del enfoque manual y jugar con la luz. Y cuando haga algún viaje, sin duda, la analógica irá en la mochila para capturar momentos especiales.


¿Digital o analógica? Ahora mismo, personalmente, por mi curiosidad y necesidades, la fotografía digital, pero con el carrete presente en segundo plano cuando me apetezca.

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