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El viaje que quiero

Quiero ir a casa. Quiero ir a València. Quiero ir a València bien. Bien, porque el último viaje fue extenso, largo, de casi un mes, pero no fui a València salvo una mañana y tarde. Fue un viaje para reconectar, vivir, investigar, sacar conclusiones, reencontrarme con miedos y, en líneas generales, para estar de tranquis.

Pero quiero ir. Siempre quiero ir. Ir a uno de los mejores lugares del mundo es algo bueno, positivo y necesario.

  • QUIERO ir a esa cafetería de Russafa que me enamoró para escribir y dejarme llevar por el ambiente.

  • QUIERO hacer fotografías. Muchas fotografías.

  • QUIERO ir a ese rincón para, desde cierta distancia, fotografiar las Torres de Serrano y su maravillosa senyera.

  • QUIERO visitar por primera vez el Caixaforum valencià.

  • QUIERO ir al MUVIM, ver alguna exposición (o varias) y hacer fotografías por sus alrededores.

  • QUIERO visitar Carmencita Film Lab.

  • QUIERO ir a aquel bar para tomarme unas conservas y una Turia.

  • QUIERO ir a fotografiar ese edificio ecológico, imponente y futurista que me tiene enamorado.

  • QUIERO ir y creerme que en las últimas elecciones no dimos un terrible paso hacia atrás.

  • QUIERO acudir a ese callejón con esa pared repleta de carteles de conciertos y películas.

  • QUIERO ir a Mestalla y obtener una serie de fotografías en las que pienso mucho.

  • QUIERO ir a mi librería romántica en el centro.

  • QUIERO ir, alojarme en ese hotel y salir a pasear cuando empiece a atardecer. Sin rumbo, sin prisa.

  • QUIERO ir a aquellas salas de cine tan especiales.

  • QUIERO ir, hablar valencià y sentirme liberado.

  • QUIERO visitar calles y barrios que, pese a conocerlos, no

  • QUIERO fotografiar el imponente y precioso Mercat Central.

  • QUIERO fotografiar decenas de murales en El Carme.

  • QUIERO irme a leer al cauce del Turia.

  • No lo haré, porque está lejos, pero QUIERO ir la zona norte, en ese entorno rodeado de huerta.

  • QUIERO ir entre semana y vivir la ciudad en su estado natural, sin más gente que sus habitantes

  • QUIERO ir y ver a mi gente, hablar durante horas, sobre todo, sin complejos, sin vergüenza, sin límites.

  • QUIERO sentir el ritmo de vida que hay allí.

  • QUIERO llegar hasta el Portal de Valldigna y captar la magia de su abrazo.

  • QUIERO respirar su aire.

  • QUIERO ver, observar, l'Estació del Nord.

  • QUIERO dejarme llevar por su luz digna de un Kodak Gold 200.

  • QUIERO ir a mi nuevo Starbucks favorito para entrar por esa entrada y subir a ese acogedor primer piso.

  • QUIERO ir a Benimaclet y ver por qué se ha convertido en el barrio de moda en los últimos años.

  • QUIERO sentir que llega la noche y la ciudad duerme, que todo se relaja.

  • QUIERO ir y sentir que sigo vivo.

  • QUIERO ir solo.

Quiero... y puedo. Eso es importante. No es lo mismo querer que poder. Lo primero, libera. Lo segundo, si no existe, oprime.


Lo digo desde la distancia, sabiendo que no es posible hacerlo automáticamente. Pienso en ello a veces, en la posibilidad de estar escribiendo este post, por ejemplo, en esa cafetería que citaba arriba, o sabiendo que a 20 minutos tengo uno de los lugares más vitales de la ciudad.


Es decir, pese a que digo que quiero y puedo, realmente no es así. Puedo, claro que puedo, pero organizando, planificando, citando temporal y físicamente. Pronto cumpliré un enorme porcentaje de esos puntos, seguramente todos, y así firmaré el viaje que quiero.


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