El sitio que me hace soñar


He hablado muchas veces de mis desconexiones mentales en La Central. La nombro porque me ocurre en pocos sitios. La nombro porque, por muy conocida (o no, cosa que me alegraría) que pueda parecer, sólo me pasa allí.


Era jueves por la mañana. Estuve cerca de una hora de reloj allí. A lo largo y ancho de sus enormes instalaciones. Planta principal, su pequeño rincón por debajo del principal, primer piso y segundo piso. En sus rincones, en sus esquinas, en sus diferentes secciones, en sus empinadas escaleras. Mirando entre sus ventanas que dan al céntrico exterior de la capital, mirando entre los huecos que dan al patio interior reconvertido en una cafetería que, reconozco, me gustaba mucho más antes de ser reformada.


Me encontraba allí después de mucho. Hacía tiempo que no iba, pero me reencontré con esa sensación. En silencio, ojeando, mirando, parándome sin prisa en sus libros, en sus revistas. Siempre que voy allí solo acabo sintiendo como renace la idea de acabar publicando mi propio libro. Es una idea, la del libro, iniciada, en proceso, pero que nunca he acabado de formalizar por diferentes motivos de la vida. Desde lo profesional a lo personal, desde los múltiples cambios de ciudades pasando por falta de tiempo. Pero iniciado está, y creo que es muy importante, porque sé qué se siente en el proceso. Tengo muchísima información recopilada (a mano, por cierto), muchos datos, muchos enfoques. De hecho, hablando de enfoques, es curioso cómo la idea del libro ha ido sufriendo una metamorfosis desde el primer día (allá por otoño de 2015) hasta el día de hoy. Eso sí, fue en 2018 (si mal no recuerdo), durante una jornada de teletrabajo cuando, de repente, llegó la inspiración, llegó el giro de 180 grados que recondujo todo hasta la idea definitiva.


Pero ahí sigue, aparcada. Eso sí, confieso que pronto se retomará. Una serie de cambios están en el horizonte y, creo, podrá ser un momento interesante para retomar todo y, quién sabe, poder acabar definitivamente el libro. Hasta entonces, seguro, seguiré soñando despierto, conectando con ese deseo personal, casi íntimo, cada vez que bajo mi calle en el centro, subo por Gran Vía, llego a Callao y me adentro en La Central. Seguramente no sea la librería más escondida, ni la menos conocida, ni siquiera es un secreto personal. Todo lo contrario, de hecho, pero sí mantiene una esencia que me sigue atrapando.

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