El último número de Gràffica

Esta mañana he recibido el último número de Gràffica y quiero contarte todo lo que ha pasado desde que me enteré de su lanzamiento hasta que ha llegado a mi buzón.


Para empezar, me quedé fascinado, enamorado y altamente interesado en adquirir este número. Una edición dedicada al diseño editorial (uno de mis amores platónicos) que me encantó.


Llevaba tiempo siguiendo a esta revista (que ahora he descubierto que se edita en mi admirada València y por cuya redacción he pasado cientos de veces sin saberlo) y siempre tenía la tentación de comprar un ejemplar. Sin embargo, su precio (ha acabado costándome 16'5 euros) y que las temáticas no me generaban el interés real como para pagar ese dinero, nunca había acabado adquiriendo un número.


Pero esta vez sí. Y así ha sido.



Te cuento todo esto porque desde hace un año y medio he ido modificando mis dinámicas para intentar llevar una vida 'zero waste' en la medida de lo posible. El 100% es imposible. Es el primer mandamiento cuando te interesas por el tema. Por mucho que quieras, por mucho esfuerzo que hagas, por mucho interés que ponga, siempre (de verdad) habrá algún detalle que se te escape. Es triste ver cómo está montado todo el circo, pero es así.


Bien. Como digo, intento cuidar los detalles, los pequeños gestos, y sabía desde el primer momento que, cuando se lanzara el número, podía comprarlo por Internet. Primero se presentó y hace unos días se puso a la venta. Entonces acudí a mi céntrico quiosco de confianza (donde sabía que habían vendido números anteriores) preguntando e interesándome. Quería comprar la revista, quería seguir a mis valores y además podría unirme a este movimiento popular del 'Support your local...'. En este caso, un comercio de barrio.


Pregunté hace dos semanas. Pregunté la semana pasada dos veces. Y pregunté el pasado lunes. En total, cuatro veces en ese quiosco, más otras dos visitas a La Central buscando el tan deseado ejemplar. Pero sin resultado. En el quiosco me decían que sobre el día 10, luego que a mediados, y ya el pasado viernes que el lunes seguramente. Pues no.


Entonces, finalmente, decidí comprarla por Internet contra mis valores. No estoy orgulloso, pero creo que seguir una dinámica tampoco debe ser una obsesión. Lo he intentado cerca de tres semanas. He intentado comprarla personalmente para apoyar a mi quiosquera de confianza y evitar, además, transportes,etc por una revista. Una revista que (por mucho que quisiera tenerla) se trata de eso, una revista.


Esto me pasa también con los libros. Siempre los compro personalmente, y si puedo comprarlos en mi librería de barrio favorita (Panta Rhei, es una maravilla absoluta, de verdad) en lugar de grandes almacenes, mejor.



Pero tampoco debo poner 'en peligro' el poder quedarme sin un ejemplar por intentar ser ético con nuestro planeta. Lo he intentado. Lo he intentado mucho, pero al final he tenido que echar mano de la compra online. Ha sido una decisión que me ha hecho pensar (tres semanas, de hecho), pero tampoco debo ser idiota.


Ahora, con mi revista ya en casa, sonrío al verla. Me parece súper bonita y, tras el primer vistazo, no puedo estar más satisfecho con poder haberla comprado.

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