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Desconectar, ¿eso qué es?

Salgo a pasear cuando el Sol empieza a despedirse, cuando el calor (aquí por el Mediterráneo os manda saludos) empieza a marcharse. Y es una experiencia que hice un día huyendo del colapso mental. Tuve un día raro, y pensé que salir a dar una vuelta antes de la cena era buena idea. Lo fue, sin duda. Entonces, intento hacerlo a menudo, todos los días posibles.

Hace buen tiempo. El calor da paso a una leve brisa agradable. Me siento un iaio, un viejoven, y entonces encamino esa cuesta de la avenida de mi ciudad cada tarde, con mis auriculares, con mi «ropa de andar», con mi podcast recién descargado (nada de música) y dispuesto a desconectar. O esa es la idea. Desconectar, poner el Modo Avión doméstico para, aunque sea por una hora no pensar más allá de lo que escucho, de lo que veo. Más de una vez he confesado que me enamora la luz del atardecer. El cielo se viste de gala, especial, y lo disfruto mucho en estos paseos pre-cena.

Pero, ¿desconecto realmente? Quizás en lo doméstico sí, pero suelo consumir podcasts que están relacionados con mis ámbitos laborales. Es la ventaja y desventaja de tener trabajos que son hobbies.

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