Descolocado tras ver 'Annette'

Tras volver a Madrid tuve la innata necesidad de acudir a una de mis salas de cabecera. Algo dentro de mí (como suele ocurrirme) hacía saltar la alarma y la llamada. Pensaba en aquella zona, en aquellas salas de cine en las cuales las versiones originales con subtítulos hacen las delicias de conocidos y extraños. Más extraños que conocidos, pero una vez dentro, durante ese rato, todos seremos cómplices de haber compartido la duración de la película.


Hice el trayecto. Atravesé la calle Fuencarral, bajé por la calle Pez, llegué a la Gran Vía y metí la marcha directa hacia uno de mis cines favoritos. Un recorrido que (debo reconocer) me gusta más en invierno que en verano. Y me gustaba (¡claro!) hace dos años, cuando la mascarilla me permitía respirar. No como ahora, que es casi un acto de supervivencia entre respirar y tener que estar batallando constantemente para que no se empañen las gafas.


¿Hablamos de la película? Sí. Fui a ver 'Annette' a ciegas, como solemos hacer últimamente. Sin leer críticas, sin ver tráiler alguno y sin apenas referencias más allá del cartel, su sinopsis escrita y las actrices y actores que salen. En este caso (lo reconozco), simplemente sabiendo que iba a salir uno de mis más respetados amores platónicos, como es mi admirada Marion Cotillard, ya era suficiente excusa. De ella vería hasta un documental sin diálogo de cómo se recogen setas. Sinceramente, no sé por qué he puesto ese ejemplo. Recoger setas tiene su encanto y si sale Marion sería perfecto. En fin, que me lío.


¿La película? Todavía lo estoy asimilando. Todavía sigo descolocado.



Me encuentro en mi despacho frente al ordenador escribiendo, con un escritorio repleto de trazos de la película. Los miro desde un plano cenital e intento encontrar así significado a muchas de las cosas que me han ofrecido durante los 140 minutos que dura la proyección.


¿Me ha gustado? No me ha disgustado. ¿Me ha disgustado? No. Es algo extraño. Hacía tiempo que no me ocurría. Como digo, es difícil que una película no me guste porque suelo ir sin prejuicios y valores preestablecidos. Eso, y que tampoco soy demasiado exigente. Voy a vivir la experiencia y valoro hasta la espera previa en la puerta, rodeado de los carteles promocionales, con mi refresco en la mano (algunas veces, pocas, incluso con palomitas). Sé que no me ha disgustado y por ello tengo claro que le daría una oportunidad para todo aquel que me pregunte si vale la pena.


Entrevistadora: "Esteban, ¿me recomiendas ver 'Annette'?"

Esteban: "Hola, entrevistadora. Sí, claro, ¿por qué no?"


Algo así.


Me ha gustado la valentía de Leos Carax. Me gusta que, pese a que el género puede tirar para atrás, va más allá. Transmite sentimientos duros, densos. O al menos lo intenta. El reparto es espectacular. Y no sólo sus nombres, sino la variedad de sus rasgos. Quizás haberla visto en versión original ha tenido mucho que ver. Creo, sinceramente, que haberla visto doblada podría haber hecho que no la recomendara. La fotografía me ha encantado. Esto sí lo tengo clarísimo.


Creo que es una película diferente, que hace pensar constantemente porque no controlas el formato ni el género y no tienes la sensación de saber cuándo acaban las historias que van narrándose. ¿Se hace pesada? Quizás sí. Hay varios momentos en los que sobran escenas y creo que la duración podría haber estado por debajo de las dos horas.


Si buscas el tipo de película rodada en un molde (así catalogo a este tipo de producciones que son de consumo rápido que aportan poco o nada) seguramente ni aguantes una hora sentado. Quizás sí por no tirar tu dinero, pero quizás salgas mosqueada. Si eres algo más abierto, te quedarás en tu butaca y luego, tranquilamente, intentarás asimilar todo lo visto y vivido.


Aunque debo reconocer que, si después de dos horas, todavía sigo pensando (e incluso me he visto obligado moralmente en sentarme a escribir) es porque la película vale la pena. No sé si mucho o poco, pero vale la pena.


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