Nuestros rincones favoritos


Hablemos de lugares. Hablemos de nuestros lugares.

Rincones, esquinas, asientos, sofás, cafeterías, librerías, ventanas. Incluso espacios abiertos. Esa sensación interior, especial, casi mágica que sentimos cuando llegamos a ese sitio. Nuestro sitio.


¿No os ocurre que vais a una cafetería pensando en un “Ojalá esté libre esa mesa junto a la ventana”? No es tu cafetería. No es tu mesa. Ni siquiera es tu ventana. Pero cuando vas, está libre y te sientas a hacer tareas, es tu mesa junto a la ventana en tu cafetería favorita.


Es maravilloso.


Me ocurre en mi sala de cine. Me pasa en mi cafetería. También en mi rincón especial de casa, en esas vistas. Incluso en trayectos de tren. O más curioso todavía, en trayectos de avión que no hago nunca. Tengo miedo y deseo a la vez de volver a viajar en avión (no lo hago desde septiembre de 2019), sentir que por debajo mío está el vacío más extremo, verme ahí, mirando por la ventana en ese contexto tan mágico, bonito, pero peligroso a la vez. Y algo dentro de mí me pide volver a experimentar eso. Verme ahí, a miles de metros por encima del resto, con unas vistas que entremezclan vértigo, miedo y al mismo tiempo cosquilleo especial.

Todos tenemos nuestros rincones favoritos, casi secretos por el significado que tienen. Evidentemente, ir a una cafetería, por ejemplo, no tiene nada de secreto ni de único. Van muchas personas a esa misma cafetería y seguramente muchas se sienten en esa misma silla y tomen algo en esa misma mesa. Pero siempre que está libre, el café tiene otro sabor. Lugares que dan sentido a nuestra vida.


Pronto escribiré sobre un círculo que se cerró hace unos meses y del que no he hablado todavía. Por falta de tiempo y porque me di cuenta estando de viaje. No tuve un hueco para escribir y hace poco caí en el detalle de que es una historia personal bonita e importante.

Un círculo que tiene que ver con lo que he escrito en las primeras líneas. Sobre esos lugares que adquirimos en términos personales, que valoramos como propios pese a no serlos.

Tengo muchos de estos rincones. Quería escribir sobre ellos porque me parece súper importante (y bonito) que la gente tengamos ese tipo de historias personales para guardar internamente como deseos diarios.

Si los tienes, felicidades. Si no los tienes, te animo a ello.

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