No soy yo. Es el corrector.

Era lunes. Comenzábamos semana. Cuando veo que tengo que enviar mails y es jueves o viernes, muchas veces, lo dejo estar para el domingo. Sí, es festivo, pero prefiero mandarlos los domingos para que así el lunes ya está en las respectivas bandejas de entrada y empezar la semana de forma productiva. Manías, supongo. Nada matemático, pero me gusta hacerlo. Si mando mails un viernes, por ejemplo, ya no sé nada hasta el lunes. Es lógico. Los fines de semana no se suele trabajar y es como que quedan en el aire.

Bien. Dadas las explicaciones correspondientes, repito. Era lunes. Comenzábamos semana y tenía varios mails relevantes en mi bandeja de entrada. La bandeja de entrada buena, la importante. Tengo el mail para basuras y spam, y luego tengo el mail bueno, por así decir.

Contesté a todos ellos, pero me quedaré con uno, ya que me dejó claro que los autocorrectores de los smartphones no están volviendo gilipollas. Así de claro. Es algo que vengo pensando desde hace años, pero hoy incluso me animé a compartirlo en Instagram Stories porque, además, recibí uno de los errores más graciosos que nos suelen pasar.

¿A cuántos de ustedes les ha pasado eso de mandar «un saludo» y el corrector enviar «un salido»? Y el error es incorregible. Se ha enviado. Ya quedas en fuera de juego. A mí, personalmente, me hace gracia. Es un error que me provoca risa. Quizás por mi mente cachonda y cómica, pero me ha parecido gracioso. Además, por el contexto. Era una propuesta de un estudiante que me había mandado súper correcto, súper educado, muy atento, muy bien redactado y, de repente, al final, en la despedida, apareció el famoso «un salido».

En serio. Los autocorrectores de los móviles en más de una ocasión, seguramente demasiadas, nos vuelven imbéciles. Corrigen demasiado, no siempre bien. ¿No os ha pasado que habéis tenido que escribir 3-4 veces la misma palabra, perdiendo el tiempo por su capricho, hasta que conseguís escribir lo que queréis decir de verdad y no lo que quiere decir el corrector?

Evolucionamos, o eso dicen, pero el autocorrector del móvil sigue dejándonos al descubierto cuando su código de corrección toma el control. Involucionamos en miles de detalles de forma contraproducente, y no nos damos cuenta.

Un salido a todos y todas.

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