Los futbolistas son marionetas


Recientemente, el Real Madrid sufrió en primera personas las consecuencias del temporal Filomena cuando, sin advertencia alguna ni aviso, se vieron implicados en las imponentes condiciones climatológicas que sufrió Madrid. Avisos oficiales, claro, previniendo lo que les podía ocurrir, porque cualquier usuario de un teléfono móvil, en su app del Tiempo, aparecía perfectamente lo que podía suceder. Pero no, nadie (al parecer) a nivel oficial les contactó para intentar solucionar un problema que sí, podía ocurrir. El club madridista pasó varias horas encerrado en el avión que les debía trasladar hasta Pamplona, donde debía viajar para enfrentarse a Osasuna. Y, claro, indignación. Indignación y populismo, luego.

"Nos tratan como marionetas" o "Este partido nunca debió disputarse". No sé hasta qué punto, sinceramente, estas declaraciones fueron en caliente, tras un resultado que no fue el más positivo, que se traducía en otro nuevo pinchazo y que privaba a sus aspiraciones de intentar seguir peleando el título ante un Atlético que quiere vivir en primera persona la segunda parte de la aclamada película "Ya caerán", que vivieron en 2014. Insisto. No sé si hubieran sido tan críticos con la situación si hubieran ganado a Osasuna. Pero este es otro tema.

Aunque hasta aquí pueda parecer una crítica a las formas y mensaje desvirtualizado a lo vivido por el conjunto blanco, quiero realmente hacer una defensa a los futbolistas, a los profesionales del fútbol. Partiendo del titular "Nos tratan como marionetas", creo que tienen razón. Creo que es cierto. Pero, por desgracia, es algo que llevamos viviendo y viéndolo muchos años ya. Este 2020 fue el año definitivo en el que todo salió a la luz oficialmente, fue el año para quitarse caretas y donde el fútbol moderno salió del armario para confirmar los rumores.

Que el fútbol es negocio se sabe aquí en España y en cualquier país. Lo saben los aficionados de a pie, los románticos que se resisten a abandonar sus recuerdos y, evidentemente, aquellos megaequipos históricos que se basan precisamente en eso, en su considerado estatus de club enorme, para generar dinero en dimensiones gigantescas.

El fútbol es negocio y los futbolistas sus marionetas. Es así. Y no sólo en términos económicos, que sí, por supuestísimo, sino por cómo ha quedado demostrado durante el histórico último año vivido. Jugadores que, por arte de magia, se convierten en mercancía, en mercenarios de un show que siguen empeñados en llamar fútbol. Y sí, son marionetas. Es la verdad.

¿Los jugadores no se exponen al virus? ¿Los futbolistas no merecen descanso? ¿Los futbolistas son las únicas herramientas para solucionar las vergonzosas situaciones de muchos (no todos) clubes de fútbol? Clubes que, por otro lado, pregonan a los cuatro vientos que son megapotencias económicas, que están en los rankings más prestigiosos del mundo, pero que luego ha quedado demostrado que viene una crisis así y todo cae, todo se derrumba.

Claro. Claro que los futbolistas son marionetas. Son actores de una película surrealista digna de Tim Burton o David Lynch. ¿Debía haber viajado el Real Madrid a Pamplona tal y como estaba la situación en Madrid? No, evidentemente no. ¿Debió haberse disputado aquel Osasuna-Real Madrid viendo cómo había nevado, también, en Pamplona? No, por supuesto que no. ¿Están siendo sometidos los jugadores a condiciones extraordinarias por el sencillo hecho de que son futbolistas? Totalmente.

¿Hay una pandemia mundial que está dejando millones de muertos en todo el mundo? No pasa nada. Ellos, a jugar. El negocio no puede parar. Y, encima, algunos de ellos, con recortes salariales. ¿A la gente se le prohíbe o limita viajar? Los clubes viajan, sin problema. A ellos no les debe afectar. ¿Hay riesgo de que un avión no pueda despegar por culpa de un temporal histórico de nieve? No pasa nada. "Cobran mucho", dirán.

Es mejor el populismo. El decir que durmieron en hoteles de lujo con calefacción y los mejores cuidados. El afirmar que, como están sometidos a importantes controles médicos y medidas de seguridad, el show está bajo control respecto al virus. Pero, mientras tanto, los jugadores exponiéndose para que la gente vean los partidos desde sus casas, con estadios vacíos. El maquillaje perfecto para que el negocio no caiga, para que los contratos se cumplan, para que nada pare y así sobreviva un deporte que lleva años pudriéndose a un ritmo sobrecogedor. Eso sí, ahora sin careta.

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