Las 9 claves que nos ha dejado la Superliga


Algo habrás leído estos últimos días en redes sociales y en tu periódico de cabecera. Algo habrás oído en la radio. Incluso, algo habrás visto en televisión. Superliga de 12 clubes. Te suena, ¿verdad?

Vuelvo a escribir esta semana sobre ello. Realmente escribir sobre la Superliga suena surrealista, porque es expresar y opinar sobre algo que no ha ocurrido. Es como hacer noticia lo que no es noticia. Sin embargo, viendo el revuelo, viendo el enorme impacto que ha tenido, creo que era interesante volverme a sentar para escribir sobre este tema.


Pero intentaré, desde la calma, plantear ideas, preguntas, cuestiones. Más allá de polémicas, más allá de incendios. Son escenarios que se han debido analizar y estudiar para, luego, opinar, ya que creo que el incendiario contexto que hemos vivido durante estos últimos días ha sido producto de la fugacidad, de las últimas horas, de las declaraciones de unos, de las declaraciones de otros, y la enfermiza, vomitiva y abominable necesidad de partir en dos todo. Comentemos algunas claves que deja la polémica la no-Superliga:

Los ricos quieren seguir siendo ricos. Es así de sencillo. Es la realidad, y sinceramente creo que no es un problema, ni nada negativo. Lo son, es una afirmación rotunda. Son los más mediáticos, los que mayores presupuestos manejan y son los que mueven de forma rotunda el mundo del fútbol. Pero sus magnitudes, además de ingresos, tienen enormes deudas, compromisos y gastos. Por ello, para seguir siendo ricos, quieren más dinero. No quieren apagar el incendio. Quieren que el incendio siga existiendo, pero que no les afecte a ellos. Y el fallo, el error, creo, ha sido maquillarlo todo bajo el lema de "salvadores del fútbol". Eso ha sido lo que más les ha perjudicado. Sobre todo, porque es mentira, porque no es la realidad. La Superliga, o su idea, nace para ganar más dinero, para ser más ricos, más poderosos. No para ayudar al resto. Ese ha sido el detonante. La mentira, el maquillaje o como queráis llamarlo.

Reducir gastos, no aumentar ingresos. La gran realidad que defiende el 'resto del fútbol'. Todos los clubes del mundo quieren fichar a Kylian Mbappé (menos el PSG, por motivos obvios). Pero, ¿sabéis qué? Sólo unos cuantos podrían ficharle. Sólo unos pocos podrían encarar una operación histórica y estratosférica. Los clubes 'pequeños' saben que no pueden fichar a Mbappé porque no disponen del dinero. No aspiran, pues, a su fichaje. Los 'grandes', no. Le quieren, porque así demuestran su poder. Y, en lugar de asumir que no pueden, en lugar de asumir su derrota, quieren más dinero para conseguir fichajes de este tipo. ¿Sabéis qué ocurre cuando un equipo no puede pagar altas fichas, grandes fichajes o sus arcas se colocan en números rojos? Venden, reorganizan sus proyectos, dan salida a sus estrellas con todo el dolor del mundo. Reducen gastos, no aumentan ingresos. El tren de vida de los ricos, según ellos, es la prioridad, y no quieren asumir que no pueden. Es la clave. Aumentar ingresos no es la solución. Deben reducir gastos. Estoy convencido de que con este movimiento, en unos 15-20 años, cuando consideren que ganaran poco, de nuevo, otra vez, estarían en las mismas. Un bucle infinito, igualmente poco ético y aburrido.

Inglaterra y el fútbol como cultura. Es lo que nadie entiende. Es lo que se manipula desde la ignorancia. El lema "el fútbol es de los aficionados" ha sido criticado y casi tomado como una burla en España porque el contexto es inmensamente diferente. Leí un tweet del periodista Álvaro de Grado que resume a la perfección lo ocurrido con los fans ingleses: "Quítale el sol a los ingleses que seguirán siendo felices, pero no les toques el fútbol." ¿Alguien ha visto críticas de aficionados del Real Madrid, Barcelona o Atlético en las calles de Barcelona o Madrid? Aquí no. En redes sociales el incendio era enorme, pero acciones, más bien pocas. La clásica y perezosa indignación de sofá, pero sus clubes iban a hacerlo y ellos iban a aceptarlo, sin más. Se trata de cultura. Se trata de unos valores sociales inculcados casi desde la cuna. Y eso es la gran clave. Claro. Claro que los ingleses saben que no han sido ellos los que han parado la Superliga. Es lo que te dirán en redes sociales porque la ignorancia es la peor de las armas. El fútbol en Inglaterra es religión, casi cultura. El sentimiento de pertenencia está tan asumido, tan asimilado, que fue la base de las críticas hacia sus clubes. Les estaban robando el alma, algo suyo, algo que va dentro de sus vidas. Estaban luchando por sus valores. En España, insisto, desde la ignorancia de este sentimiento y con un punto de vista mucho más bajo (use aquí el concepto 'cuñao') las críticas al lema "El fútbol es de los aficionados" ha sido prostituido de una forma tan vergonzosa como injusta.

Unanimidad profesionales. Entrenadores y jugadores. Numerosos casos de profesionales del mundo del fútbol fueron presentándose a cuentagotas en contra de esta moderna Superliga que iba contra los valores del fútbol. Los ricos se quitaban las caretas y demostraban que el negocio es lo único importante. Por ello, los profesionales, que siguen siendo explotados año tras año, cada vez más, fueron expresando su malestar. Y la clave, además, fue que no eran opiniones cualesquiera, sino muchas de ellas de ecos mediáticos enormes como Pep Guardiola, Jurgen Klopp, Marcus Rashford o Henderson.

Papel de periodismo. Esto puede salirse del contexto deportivo, pero la diferencia del trato informativo en Reino Unido y en España deja muy claro la clase, la calidad y la situación de la profesión en territorio español. Favores, intereses, mensajes a filtrar y dirigir de unos y otros, que fueron más allá de medios. Sus periodistas, además, dando la cara, "opinando", para satisfacer a sus magnates. Una triste historia que deja todo esto.

¿Debe sancionar la UEFA? Es una de las grandes incógnitas. Se asegura que la UEFA ha sido clave en todo esto. Se asegura, según informaciones en Reino Unido, que entre el Gobierno británico y el máximo organismo del fútbol europeo habrían presionado de forma abrupta para que los clubes ingleses hubieran retrocedido. De hecho, el nuevo formato expuesto por la UEFA podría ser una solución a la Superliga. La clave silenciada en todo esto es que el nuevo formato era una respuesta de la UEFA a las peticiones de los ricos. Pero parece ser que no era suficiente para su ego monetario. Y ahora, la duda. Los clubes se han expuesto, se quitaron las caretas y oficialmente anunciaron que se sumaban al proyecto. Rechazaban, pues, a la UEFA y entonces ahora van a seguir jugando torneos en los que no quieren estar. Tras el amago, ¿habrá consecuencias? ¿Tendrán sanciones de algún tipo? ¿Serían las mismas para los que se han resistido a salir y los que tomaron las riendas en los pasos atrás? Es una duda existente y los rumores no acaban de cerrar el tema, por lo que parece.

Hay "partidos interesantes" y "partidos no interesantes". Lo que no entienden es que los aficionados del resto de equipos (los pequeños, pobres, sin aspiraciones) quieren ver a su equipo, no al rival. No entienden que los aficionados del Valencia, del Real Betis, del Girona, del Motherwell, del Derry FC, del Exeter, del Lens, del Sassuolo, quieren ver a su equipo. Evidentemente, cuando juegan contra los grandes es un día especial en la ciudad. El 'grande' juega en su estadio, pero el resto del año siguen apoyando a su equipo. Sí, no es mentira. Mucha gente no ve los partidos del Real Madrid y Barcelona. A lo mejor les sorprende, pero ese argumento demuestra una preocupante ignorancia. Aunque, al mismo tiempo, explica todo. Explica a la perfección el contexto monetario. Cuando convierten sus equipos en empresas no hay aficionados, sino clientes. El valencianista vive una temporada caótica, preocupante, desesperante, incluso triste, pero su sentimiento sigue ahí. Da igual si juegan contra el Real Madrid o el Alavés. Verán igualmente a su equipo.

Lo harán sí o sí: ya han descubierto sus cartas. Es la realidad que se comenta poco. Antes eran rumores. Informaciones sueltas. Ecos que llegaban de otros lugares fruto del viento. Se oía, pero no se veía, ni se sentía. Ahora sí. Lo han hecho oficial. Quieren ser más ricos. Quieren ser exclusivos. Quieren ser más poderosos. El resto no les importa. Han fracasado, el proyecto no ha salido, han sido sometido a un duro golpe. Pero el paso está dado. Lo han oficializado. Y más tarde o más temprano (seguramente mejor organizado), volverán a intentarlo. Es su vicio, su codicia, su ego, y eso no desaparecerá nunca.

Anti-madridisimo. Es una realidad. Florentino Pérez se presentaba oficialmente como Presidente de la Superliga y lideraba uno de los aspectos más comentados y criticados: salvar el fútbol. Que el máximo representante del club madridista se presentara como 'El Salvador' no ha caído demasiado bien en los aficionados de clubes que se habían quedado fuera del torneo. Si el antimadridismo ya existía y era notable en España, ahora las fronteras se rompían para que el dirigente blanco se convirtiera en una diana mucho mayor y, por lo tanto, la enemistad del Real Madrid con el mundo del fútbol haya incrementado de forma relevante. Da la sensación que el madridismo se ha unido mucho, pero fuera de esa comunidad el rechazo ha aumentado de forma considerable.

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