He sentido vergüenza ajena

Me encontraba esta mañana en el Retiro, en la plaza del Ángel Caído más concretamente. Estaba haciendo mi rutina de deporte cuando, de repente, mi podcast se silenció y entró una llamada. Era de Valladolid. Era de un medio de comunicación al que mandé mi currículum vitae hace dos semanas aproximadamente.


Al estar haciendo deporte he pedido si podríamos hablar un poco más tarde, cuando estuviera en casa.


Sí. Sin problema.


Y entonces, unos minutos antes del mediodía, de nuevo me llamaron. Esta vez sí mantuvimos una conversación. Yo sabía que iban a proponerme algo, que iban a comentarte alguna posibilidad, porque ¿para qué iba a llamarme? Y así fue. Pero, terrible. Una propuesta tan surrealista que parecía que bromeaba. Una oferta tan pobre, tan mínima, que incluso sentí que estaba intentando tomarme el pelo.


Esa fue la sensación del después. ¿Se había reído de mí? ¿No sabía que tengo ya una edad y no estoy empezando? Las condiciones, el sueldo. Terrible. Sin exagerar. Todo ello con un tono que era de todo menos tranquilizante.

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