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El horizonte


Ilusión, gusanillo, ganas, e incluso miedo. Mi nueva oportunidad laboral es algo soñado, o mejor dicho, algo ansiado. Por muchos aspectos que seguramente ahora no pare a detallar, pero necesitaba esta experiencia. En apenas dos semanas he pasado de no tener empleo estable a verme durmiendo en un hotel frente a campos de golf y paseándome por calles peatonales junto al puerto de Gibraltar.

Y, ¿sabéis qué? Que la ilusión me la produce lo que viene ahora, lo que vendrá en breve cuando finalmente me traslade a Madrid. Nueva etapa, en general, con muchos cambios, algunos de ellos necesarios y casi rezados. No puedo estar más satisfecho, y esto sólo ha hecho que comenzar.

Muchos me habréis leído o escuchado hablando de lo analógico, de lo físico. Y necesito, antes de marchar a la capital, una tarde de desconexión en el centro, en el barri del Carmen, con una libreta. Nada de ordenadores, de tablets. Café, cafetería cuqui, entorno recogido, libreta y bolígrafo. Una lista positiva, de ilusiones, de aspiraciones, de deseos, de posibilidades, que ya he ido creando mentalmente, pero que no produce satisfacción hasta ese preciso instante en el que lo veo impreso a tinta en papel.

Estoy muy satisfecho por la decisión que he tomado.

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Vivo en Vitoria-Gasteiz desde hace casi tres meses. Una experiencia que tuve que aceptar casi por decreto. Imagina haberla rechazado. Vértigo. Vivo en Vitoria-Gasteiz desde hace relativamente pronto.

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