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Un mes de agosto más tranquilo

Los dos últimos meses de agosto fueron raros. Tenían ese aroma a vacaciones, a tranquilidad, pero también emitían un olor a agobio, a ansiedad. Fueron meses de agosto sin trabajo, sabiendo que los contactos no servían como quisiera, sabiendo que es un mes de desconexión porque mucha gente está de vacaciones y, seguramente, no vayas a encontrar trabajo durante esas semanas.


Es una especie de mes fake. Una especie de mes para hacer bulto, para que el año tenga doce meses, y no once. Un mes, digamos, malo para el siempre agobiante proceso de buscar trabajo. Sabes que, o acentúas tu búsqueda en julio (siendo ya un mes delicado), o hasta septiembre, seguramente, nada se moverá. Y eso con suerte.


Pero el pasado mes de septiembre, por suerte, me contactaron de una oferta a la que me presenté y todo fue muy rápido. Recuerdo presentar mi candidatura un lunes, hacer la primera entrevista el martes, la segunda el jueves y la semana siguiente ya tener la confirmación. Fue todo muy rápido. Sentí que podría salir bien desde el principio. Esto no debería ser una especie de ley, porque ¿cuántas veces hacemos entrevistas de trabajo, tenemos buenas sensaciones, nos lo trabajamos mucho, y luego nada de nada? Como mucho un "Tu currículum es muy interesante, pero...". Eso con suerte, porque un 70% de las peticiones caen en el olvido.


Cuento todo esto porque, tras dos años (mi anterior trabajo finalizó casi en verano), vuelvo a encarar un mes de agosto con esa tranquilidad. Con esa tranquilidad de tener cubierta esa (surrealista) necesidad, de tener trabajo. Un mes de agosto para saborearlo como nunca, haciendo incluso el mejor trabajo de mi vida. Todo ello siendo consciente de que no siempre es así, de que hay momentos delicados en los que dependes de terceros y te pueden incluso hacer sentir inútil, incomprendido, silenciado, que no interesas a nadie, que hasta aquí ha llegado.


Un mes de agosto más tranquilo, por suerte. Muy agradecido. Muchísimo.

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