The End.

Desde hace unos días, casi de forma repentina, ya no trabajo para el diario AS. Una noticia que, literalmente, vino de la noche a la mañana. Una noticia que, por un lado, deseaba. Una noticia que, por otro lado, no esperaba. Es una entremezcla del deber bien hecho, de haber cumplido con creces, de haber vivido un master de aprendizajes y experiencias. Han sido dos años y medio muy positivos. Negarlo sería mentir. Esa es la realidad. Evidentemente, uno nunca está preparado del todo para una imposición así. Insisto. Me siento súper satisfecho, muy contento, por todo lo vivido. Estoy seguro de que mi labor ha sido excepcional. Pero evidentemente son noticias que crean un cierto malestar por el escenario que llega a partir de ahora, más que por la decisión en sí.


Si me veníais leyendo desde hacía meses, era algo que en cierta medida necesitaba. No quería, lo necesitaba. Y sí, yo mismo me doy cuenta de que objetivamente debo estar tranquilo al 95% por lo sucedido. El 5% restante no es por algo que haya hecho mal, o que haya tenido esta consecuencia. Ni mucho menos. Todo ha llegado consecuencia de la situación, del contexto. El 5% restante, insisto, llega de la autoexigencia y del escenario al que ahora uno debe exponerse. Mi trabajo es mi pasión y cuando te cambian el contexto tardas unos días en adaptarte. Simplemente eso. Ahora toca recomponer todo desde la tranquilidad, desde el análisis objetivo de que estas cosas pasan (más en los tiempos que corren) y lejos de ser un fracaso, lejos de ocultar el innato temor por la desprotección que ahora tendré, ahora es el momento de reconstruir todo.


He aprendido muchísimo. No te haces una idea. Salgo reforzado. Salgo con una fuerza personal y profesional enorme. Y sé, desde la confianza que puedo tener contigo ahora mismo, que estas cosas suelen ocurrir porque llegarán nuevas etapas. Escribiré más adelante sobre esto. Lo sé, pero como primera píldora creo está bien.


En próximos días iré recomponiendo todo "oficialmente". Digo "oficialmente" porque, aunque ya sé qué voy a hacer (lo sabía desde el momento en el que me dirigía en tren aquella mañana para firmar la salida oficial del periódico), ahora toca hacer las cosas bien. Como siempre, vamos, pero ahora con el matiz de tener que ser nuevamente independiente hasta que las aguas vuelvan a su cauce.

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