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Tengo un sueño complicado

Me pongo en un contexto donde todo me da igual realmente, donde todo aquello que sobrepase la frontera de la exigencia y la obligación pierda cierta relevancia a nivel de importancia. Un contexto donde no pensar, donde sólo tomar decisiones que hagan feliz. Ese contexto.

Partiendo desde ese punto de origen, llevo varios días pensando, quizás soñando, en por qué no ahorrar un dinero, conseguir una cierta cantidad de dinero que me permita iniciar una etapa temporal de 2-3 meses fuera. No más. 2-3 fuera, en Londres, puestos a soñar, para escribir, para vivir, para dar forma a proyectos, para desconectar de una vida que a veces daña sin darnos cuenta. ¿No sería romántico? Allí, en una casa cualquiera, en una calle cualquiera, pero sería una casa cualquiera londinense, sería una calle cualquiera de Londres, con su cielo inglés, con sus coches británicos, incluso con sus tradiciones inglesa.

Esteban, me digo, déjate de tonterías. Eso es fruto de tu imaginación. El cielo es azul, como aquí. La vida funciona igual, pagando, costando dinero, con gastos, como aquí. Sí, claro. Pero por eso hay que tener una mochila de dinero. No sé si será en un año, en tres meses, pero sería una aventura maravillosa, romántica, soñadora. Una desconexión necesaria para dar un toque romántico a proyectos. Esos proyectos habrían nacido en Londres, se habrían formado en las islas británicas y eso ya es suficiente para estar orgulloso de ello.

Pero sí. Escribir un libro en una habitación, en un hotel, en una casa, aunque fueran lejos del centro, pero sería allí. Iniciar un proyecto audiovisual con el que poder grabar vídeos maravillosos, documentos fantásticos, y volver con todo rodado, grabado, guardado, para continuar en casa. Emitir un programa de radio online desde las islas, fuera del viejo continente, viendo cosas que sólo estuviera presenciando y viviendo yo personalmente. Nadie más. IInsisto, 2-3 meses, no más, con un colchón de presupuesto que permita eso. Y, pensadlo fríamente, no es ninguna locura, no es nada imposible. Imposible es acabar con la muerte. Imposible es volar antropológicamente.

Déjenme soñar, yo pongo el resto. Ustedes limítense a permitirme soñar, a dejarme llevar mentalmente, primero, y formalmente, segundo, en un tiempo. Esto sólo es, por ahora, un post en un blog que poca gente lee. Pero quién sabe.

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