Tenía razón, y me tranquiliza

En 2016 sufrí una de las noticias más desagradables que recuerdo. Mi cuenta de Twitter es uno de mis mayores valores como profesional de los medios de comunicación. Aquel año, sufrí una injusta denuncia de contenidos que, por suerte, no tuvo mayores consecuencias.


Lo digo ahora, cuando ha pasado todo. Ahora que la situación se ha enfriado y apagado. Fueron denuncias falsas procedentes de un equipo de fútbol que, desde entonces, me produce algo muy parecido al rechazo absoluto. Pero todo pasó. Las aguas están calmadas y por lo tanto empiezo a obtener respuestas.


No sobre el incidente, claro. Aquello sigue sin respuestas oficiales por parte de la plataforma. Tuve la suerte de que fueron bots que, evidentemente, no iban a responder ante mi petición, pero Twitter demostró lo que hoy en día parece habitual. Te quitan la cuenta y no puedes recurrir de forma directa.


Desde entonces, he tenido el presentimiento y certeza de que mi cuenta, tras ser recuperada, estaba silenciada, en algún grupo de cuentas sancionadas por la plataforma. Las interacciones bajaron, el alcance de mis tweets más de lo mismo. Además, la cuenta no crecía como antaño, incluso perdía seguidores. A veces analizaba mis contenidos, intentaba sacar conclusiones de por qué se iba la gente. Pero siempre acababa igual. No quería culparme del todo. Era imposible que todos mis tweets provocaran malestar.


Entonces, supe que mi cuenta estaba sancionada, silenciada, seguida de cerca, castigada de algún modo. Estaba activa, pero algo así como censurada.


Digo todo esto, cuento todo esto, porque siento que he recuperado todo el terreno perdido. Ya lo llevo sintiendo desde hace meses. Alguna tecla ha sido activada. Ha habido algún movimiento en la sombra idéntico, pero a la inversa. Nadie me informó de mi penalización y nadie me ha informado del por qué este cambio de alcance e interacciones. Evidentemente, el impacto de la cuenta es muy superior y está creciendo como se espera de toda la dedicación diaria que le destino.


Tenía razón, y me tranquiliza.

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