Superliga Europea, ¿y ahora qué?


"Que viene el lobo, que viene el lobo", decían. Pero nunca llegaba. "Que viene el lobo, que viene el lobo", insistían. Y el lobo ha llegado. Casi de la nada. Cuando menos lo esperábamos.

Mientras nos preparábamos para un lunes en el que la UEFA pensaba hacer Historia presentando su revolución con el cambio de formato de la Champions League, llegó una de las bombas del siglo. Una bomba informativa que, seguro, puede haberse convertido en uno de los cambios más significativos e importantes de la Historia del fútbol.

Sí. Fue un lunes que tardaremos en olvidar, sin duda, pero el incendio fue inmensamente mayor a lo esperado. Algo histórico, reitero. Comunicados oficiales, declaraciones, informaciones, fakes news... Una montaña rusa absoluta. Desde la mañana hasta la madrugada cuando Florentino Pérez firmó su presencia en el Chiringuito de Jugones. Una auténtica locura que, evidentemente, ha generado mucho más movimiento del realmente necesario.

Se crean dudas en mi cabeza. Dudas sin respuesta, sin argumentos, con demasiada desorientación. Debo confesar que los dardos han sido tales que no sé qué pensar y que tengo muchas preguntas.

¿Cumplirá sus amenazas la UEFA?

¿Cumplirán sus amenazas las ligas implicadas?

¿Podrán jugar finalmente los jugadores con sus selecciones?

¿Cómo podrán legalmente reaccionar los futbolistas ante esto?

¿Cómo afectará todo esto en el mercado de fichajes?

¿Por qué se meten los políticos en este debate?

¿Por qué hay "buenos" y "malos?

¿Qué pasa si mi equipo decide jugar la Superliga y le echan de su liga?

¿Cómo debo sentirme ante eso?

¿Debo "cambiar" de equipo si lo de la Superliga no me parece interesante?

¿Por qué quieren vender que es para salvar el fútbol y no por puro negocio?

¿Por qué parece que si te postulas a favor de la Champions descartas la Superliga?


Y creo que podría escribir algunas más. Preguntas. Dudas sin respuestas.


Creo personalmente que todo esto no es blanco o negro. No se trata de polos opuestos. Creo que ambas opciones tienen aspectos positivos y aspectos negativos.


Igual que pienso que el mensaje de Florentino Pérez mezcla demagogia y populismo que sólo favorece a sus intereses con un papel de salvador que nadie le ha pedido, también creo que la Champions League actual tiene un formato que está cerca de caducar.

Igual que creo que la UEFA ha querido mover ficha para intentar salvar la copa de Europa también pienso que es un error pensar que ahora son el organismo más transparente, ejemplar y solidario del mundo. La reacción ha sido tan rotunda y contundente porque son los primeros que quieren a los Clubes Fundadores de la Superliga sigan.

Creo que es importante hacer hincapié en algo. Mucho, de hecho. Todo esto no es cosa de los clubes (que representan a sus aficionados), sino de sus propietarios (que representan al negocio del fútbol). Los jugadores y entrenadores han sido muy claros. Demasiado, incluso, me atrevo a decir. Pronto han surgido voces críticas dentro del propio fútbol y de clubes implicados en esta revolución.

No se trata de fútbol. Es dinero. Puro negocio. Se acaba el circo que unos cuantos han querido montar. No se acaba el fútbol. Han querido estirar tanto el chicle de una parte y de otra que al final unos se han plantado y han dado el paso, y de la otra han querido ahora clamar al cielo viendo cómo su show también corre el riesgo.

Los clubes ricos (o sus propietarios) quieren seguir pagando grandes sueldos, quieren seguir fichando estrellas mundiales sin tener que pagar el peaje del resto de clubes. ¿Os suena eso de que tu equipo tenga vender estrellas para salir adelante? Si te suena, me alegro, porque caminos por el mismo sendero. Que hagan eso. ¿No pueden pagar megacontratos? ¿No pueden desembolsar cantidades entre 100 y 150 millones para fichar jugadores? Que no lo hagan. Tan sencillo como eso. Lo que no puede ser es que, como no consiguen mantener la burbuja que ellos mismos han inflado, hablen de que son salvadores, que el fútbol se muere.

No. Eso es mentira.


Pero tampoco me parece ético que la UEFA ahora quiera erigirse como la parte ofendida, herida, lanzando mensajes poco éticos e incluso amenazas públicas a los clubes disidentes. La UEFA también suma años de pecado queriendo estirar el chicle para seguir generando ingresos. Todo ello a costa de los clubes, de unos jugadores explotados que abierta y públicamente confiesan sentirse mercancía, jugadores que expresan su preocupación por las posibles consecuencias físicas.

Veo mal dos cosas principalmente:

1. La UEFA no debería postularse de forma tan despectiva e hiriente hacia los clubes que han explotado y exprimido de forma dantesca durante años. Ahora los señalan como la parte negativa, pero sin ellos el negocio del que viven no existiría.

2. Los clubes que crean la Superliga pueden tener una base de razón (dejamos fuera cualquier otro contexto), pero fallan de forma rotunda lanzando el mensaje de que son los salvadores. Sin ellos, el fútbol funcionaría. De hecho, me atrevo a decir que mucho mejor. El fútbol no se muere. Se puede estar muriendo "su" fútbol. El fútbol de los megacontratos, de los gigantescos desembolsos, de los estadios dignos de ciencia ficción. Ese es "su" fútbol, no "el" fútbol. Que no os engañen.

Por ello, para cerrar, ni los unos son tan buenos ni los otros son tan malos. En el centro de todo se localiza algo parecido al equilibrio, aunque me temo que, por mucho que quiera escribir, por mucho que quiera entender, todo esto es el gran ejemplo de que ahora, de forma ya oficial, el fútbol con el que crecimos ha dejado de existir. Y eso, eso duele mucho.

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