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Reflexión en el norte de Londres


Aledaños del Emirates Stadium (Julian Finney/Getty Images)

El Arsenal vivió durante el curso 2022-23 la mejor temporada deportiva de los últimos años. Desde 2016, la dinámica gunner fue decayendo, empeorando y convirtiéndose en un síntoma claro y absoluto de decadencia. Sin embargo, la pasada campaña sirvió para volver a su mejor nivel, para instalar en el Emirates Stadium un foco enorme de competitividad sobre el césped y de ilusión en las gradas.


No obtuvieron premio, ya que finalmente cedieron el liderato, primero, y el título, después, al Manchester City y los meses de brillo, supuesto éxito y vibraciones positivas cayeron en balde. Pero no por ello la nota del curso fue baja. Aprobaron con nota. Objetivamente, ser subcampeones de Premier League es un mérito enorme. Subjetivamente, volvieron a disfrutar del fútbol como hacía años que no lo hacían.


Pero ahora, en los aledaños del Emirates Stadium, en una calurosa tarde de verano (el verano británico, claro), la calma se ha adueñado del entorno. Ya no hay miles de aficionados. Ya no hay fans que recorren Londres para asistir a su momento favorito de la semana.


Ahora, restando las semanas para comenzar la Premier League 2023-24, la tranquilidad da paso al imponente ruido de la metrópoli, de la gran capital. El ruido de fondo acompaña un aura de un estadio que acoge maravillosos momentos de felicidad, preocupantes momentos de pérdida de puntos u objetivos, pero que ahora descansa.


Las escaleras de acceso se sienten desconcertadas. El cielo azul (que existe, aunque no se deje ver mucho por Londres) contorneando la silueta estructural del estadio. Los reflejos en la fachada. Los murales imponentes. Todo está calmado. Todo está esperando.


Es momento de reflexión para convertir las sensaciones desagradables de haber perdido el título en un análisis en frío que refleje lo que realmente han conseguido. No sólo consiguieron ser segundos. No sólo celebraron de nuevo el St. Totteringham's Day tras siete años sin poder hacerlo. No sólo vibraron durante meses. La temporada que viene volverán a jugar la Champions League por primera vez desde 2016.


Tiempo de calma. Tiempo de reflexión en el norte de Londres.



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