¿Qué ha pasado con mis cámaras analógicas?

La mañana del sábado la usé para realizar unas tareas pendientes. Tras realizar un cambio en el Apple Store de Sol, puse dirección a mi tienda de fotografía de cabecera. La encontré hace aproximadamente un año tras una recomendación y, debo reconocer, es un sitio muy interesante.


Fui porque quería poner en movimiento las dos cámaras analógicas que tengo. Quería desbloquear una situación mental creada. Había hecho fotos, pero sabía que podrían haber fotografías de mi familia y buscaba cerrar esa "etapa", revelar (y descubrir) instantáneas jamás vistas por mi familia y, así, comprar un nuevo carrete para firmar el primero de mi puño y letra al completo.


Ambas cámaras son heredadas. Una de mis padres, la otra (súper bonita) de mi abuelo. Mi abuelo materno, entre muchas otras profesiones, se dedicó a la fotografía y en uno de mis últimos viajes encontré mucho material de su trabajo. Entre ello, la que ya es mi cámara.


Sin embargo, el dependiente me analizó la cámara. Para empezar, no tenía carrete (¡bien) y había estado haciendo fotos al aire. No la había abierto, sinceramente, por miedo a perder cualquier foto que estuviera plasmada en el carrete. Pero (lo más importante) me comentó que la lente tiene hongos. Una barrera bastante común (por lo que he ido observando estos últimos meses) y sería recomendable que dedicara una tarde a intentar limpiarla por mi cuenta o, en caso de ser imposible, llevarla a un taller. Eso haré, seguro, porque es una cámara preciosa. Tiene un encanto especial, y saber que mi abuelo la usaba a nivel profesional me tranquiliza de cara a su futuro uso.


La otra cámara sí funciona, sí tenía carrete y sí me respaldó el paseo céntrico por las calles de Madrid. Dejé el carrete para que me revelen las fotografías. Me hace mucha ilusión, porque va a haber fotos que nadie en mi familia han visto antes. Seguro, porque el contador no estaba a cero cuando empecé a hacer algunas instantáneas. Tengo gusanillo, sinceramente, porque no sé si serán fotos mías, de mi hermana, de ambos, de mis padres. Y tendré yo el poder de descubrir algo totalmente nuevo.


Además, compré un nuevo carrete por lo que comentaba líneas atrás. Quería hacer mía la cámara al cien por cien. Ahora, con mi carrete ya puedo usar sin complejos la cámara. Me preguntó cuál quería, de cuantas fotos, cuál tenía pensado que iba a ser mi enfoque. Y casi de la nada comentó la frase 'blanco y negro'. Le corté. "Ese", le dije.


La fotografía en blanco y negro es una de mis favoritas. Desde que tengo uso de razón en materia fotográfica. En mi canal de YouTube publiqué vídeos en blanco y negro, usaba filtros W&B en mis fotos personales, y en el último año y medio ha sido uno de mis fijos a la hora de editar imágenes.


Me parece elegante y una forma maravillosa de valorar una imagen. Si le restamos el color a una fotografía pierde cualquier tipo de sentido, de mensaje, de intención. Sabemos que los colores pueden tener tintes políticos, sentimientos. Pero si privamos a la imagen de ese significado, entonces, todo adquiere un nuevo contexto.


Por eso. Decidí comprar un carrete en blanco y negro porque, además de porque me gusta, además de que me parece súper interesante para experimentar, creo que con el granulado natural de la fotografía analógica pueden quedar fotos preciosas.


Así fue mi mañana de sábado. Una cámara súper bonita con hongos en su lente (quizás comparta en qué queda el tema) y otra que me va a brindar blanco y negro como rutina.

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