¿Por qué siguen los partidos de fútbol?


Se acabó 2020 y, con ello, se marchó uno de los años más surrealistas que he vivido nunca. Y como yo, tú, nosotros. Todo el mundo. Empieza 2021, pero me temo que esto va a seguir siendo raro, retando a cualquier lógica, creando debates perezosos, estériles y bochornosos. Es así. Este país es así.


La crisis sanitaria provocada por el coronavirus ha creado un nuevo contexto sanitario, social, económico, político y en términos futbolísticos, evidentemente, también tiene consecuencias que se siguen viviendo. Aquí, en España, y en el resto de países.


Podría hablar de todos los contextos, pero me centraré en el mundo del fútbol porque es lo acostumbro a analizar y es porque seguramente sea lo que ahora mismo menos vergüenza o pereza me despierta. Quiero hablar de fútbol, del escenario que se está viviendo, porque me parece preocupante cómo todo sigue su curso sin más, como si sobre la figura de los futbolistas nada pasara, como si ellos fueran inmunes a todo. Desde hace muchos años se considera a los futbolistas peones del tablero que manejan a sus anchas los clubes para sacar el máximo dinero posible. ¿Fútbol? A veces suena hasta insultante calificarlo como tal.


El mundo está sometido a una de las enfermedades más infecciosas del último siglo, con miles de casos diarios, con cientos de fallecidos, con crisis económicas que afectan a todos los países, con millones de familias que parecen sin rumbo concreto... pero el fútbol sigue. El fútbol sigue como si nada porque el grifo del dinero debe continuar, porque el grifo de las ganancias debe seguir existiendo. Entonces, con el dinero como prioridad única y absoluta, no importa el resto.


Es cierto que (teóricamente) están sometidos a muchas pruebas médicas y controles para que todo el negocio y el show se lleve a cabo en un contexto seguro. Pero, ¿qué sentido tiene? Evidentemente, soy el primero que celebra poder ver fútbol desde casa. Mentiría si lo negara. Pero los argumentos post-confinamiento se han esfumado. El argumento de “Si hay casos positivos, se para la competición” no existe. Está habiendo casos confirmados, partidos aplazados, incluso en otros países se ha dejado entrar a gente en las gradas con consecuencias que ya se han visto (pese a que no se diga oficialmente).


¿Por qué? En serio. De verdad. ¿Por qué sigue todo este circo que cada vez interesa menos? ¿Por qué siguen estos torneos de videoconsola con protagonistas reales que son una grotesca imitación de aquello que conocíamos como fútbol?


La pasión por el fútbol permanece porque es como el amor. Incluso cuando se acaba una relación, durante un tiempo, el sentimiento permanece. Pero al final acaba desapareciendo, y en el fútbol puede ocurrir eso. No digo que vaya a ocurrir, ni creo que ocurra, pero como esto siga igual, como se siga prostituyendo a los jugadores, como se siga explotando el negocio sin escrúpulos, sin valores éticos, intentando estar por encima de la lógica humana “porque la gente necesita ver a su equipo”, esto se va al garete.


A mí me apasiona menos el fútbol. Al menos este fútbol. Un fútbol sin gente, con ambientes virtuales, con recreaciones de cartón para simular una realidad inexistente. ¿Qué se creen, que esto es Black Mirror? Vamos hacia eso, sin duda, lo tengo claro, pero que lo hagan mejor, no tan cutre, no como si el aficionado fuera inútil y no se diera cuenta. Por favor. Es vergonzoso.

Y luego el tema público en las gradas. En unos sitios sí. En otros no. En unos 4.000. En otros 2.000. En el resto, ninguno. Se están manipulando competiciones. Se están adulterando los torneos. Y todo con la vaga y vomitiva excusa de que la vida debe continuar. Claro que debe continuar, pero no con esta lamentable producción teatral que no engaña a nadie y que deja al descubierto sin complejos la verdadera realidad de todo esto.


El fútbol es la excusa. Hace años que no importa. Sólo es el escaparate. Y con todo este escenario, con un contexto que ha llegado como un tsunami y nadie ha sido capaz de controlar/manipular, ha salido todo a la luz. Cuando se entra a la tienda el negocio es otro. Las trastiendas se han quedado pequeñas y han sido expuestas a la gente con todos sus rincones llenos de trastos viejos, sucios, llenos de polvo, con cientos de cajas llenas de dinero donde los valores éticos desaparecen.


Y ahora, fuera caretas. Los grandes, ya sin complejos, apuestan por las grandes ligas europeas para revolucionar sus bolsillos dejando claro que esas clasificaciones de clubes millonarios son falsas, puro postureo para fardar de coches y mansiones carísimas que son propiedad del banco, y no de los que dicen ser sus propietarios. Y el resto, adiós. Ahí os quedáis.


El fútbol, como en la vida, está viviendo un punto de inflexión. Un inicio hacia una nueva situación, contexto y escenario que va a convertirse en una realidad. Una realidad que aquí un servidor, el que escribe, espera con ansia. Pero que pase ya este tramo intermedio que es bochornoso, asqueroso, que despierta una pereza extrema y que cada vez interesa menos.


¿Seguiré viendo fútbol? Por supuesto, pero cada vez más por temas profesionales y cada vez menos por puro interés personal. Que pase pronto todo esto, por favor.


Y en términos sanitarios, sociales, ojalá todo se normalice de algún modo. Sea con esa llamada 'nueva normalidad' o como quieran llamarlo, pero que se normalice, que se estabilice, que volvamos a ser dueños de nuestras vidas. Que acabe esta película que ninguno hemos pedido ver y que (como ocurre con esas sagas infinitas que hace tiempo dejaron de tener sentido) podamos celebrar salir de nuevo fuera de la sala y respirar sin complejos.

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