¿Por qué me han suspendido la cuenta de Twitter?


Era sábado por la tarde. Estaba viendo el Newcastle-Brighton de la sexta jornada de la Premier League cuando de repente me di cuenta que algo no iba bien. Fui a hacer un comentario sobre el partido y a la hora de enviar el tweet la herramienta que uso para twittear me avisaba de que la cuenta estaba suspendida.

¿Cómo podía ser si no había compartido nada que incumpliera las reglas de Twitter? Os pongo en antecedentes. En 2016 tuve una situación similar, cuando también sufrí una suspensión de la cuenta. En aquella ocasión ocurrieron varias cosas. Por un lado, la denuncia real de la Premier League por un vídeo de un gol. Era real y, en consecuencia, debía asumir que había incumplido las reglas. Pero recuperé la cuenta días después y, entonces, se abrió otro escenario que me dejó muy claro el funcionamiento de Twitter como red social y cómo gestionan este tipo de casos.

La primera denuncia, como digo, era real, y al ser una de varias que anteriormente había recibido me suspendieron la cuenta de forma verídica. Varios días después me la devolvieron. Al ser la primera vez, entiendo, es a modo de aviso. La suspensión era temporal y, como digo, volví a tener mi cuenta.

Lo raro, injusto, incluso misterioso, llegó días después, cuando empezaron a llegar denuncias de remitentes, digamos, sospechosos, y la cuenta volvió a ser suspendida. Esta vez, parece ser, era de forma oficial. Nada de temporal. Pero las denuncias eran falsas, de remitentes que no existían realmente, denuncias de bots. Al ser denuncias falsas, cuando mandabas la reclamación Twitter no recibía contranotificación alguna porque los bots no contestaban. Los bots se limitaban a denunciar contenidos (algún día estaría bien desvelar todo lo que descubrí de aquellas semanas y de quién me quiso censurar) y ya está. El problema viene cuando Twitter permite eso, cuando Twitter permitía sin filtro alguno que bots actúen a sus anchas y, encima, no se detenga a confirmar que las denuncias tienen fundamento.

Aquello pasó en 2016. Aprendí la lección de que, evidentemente, jamás volvería a compartir contenidos de vídeos de jugadas, goles, etc. No era tan necesario ni vital. Insisto. Aprendí de aquello y jamás volví a compartir contenidos con derechos audiovisuales.

Una vez explicados los precedentes hablemos, pues, de lo ocurrido ahora. Recibí una notificación por un GIF que, decían, incumplía las reglas de Twitter. "¿Cómo? ¿Qué?", pensé de inmediato. Lo tenía tatuado a fuego. Nada de contenidos así porque sé las consecuencias. Pues resulta que había compartido un GIF creado por mí a modo de marca personal para acompañar los resultados de la tarde en Premier League. Insisto. Nada de goles, paradas, ni jugadas. Este verano pensé en crear contenidos en formato GIF para dar dinamismo a los tweets y como no tienen derechos de autor, porque el autor era yo, no me preocupaba.

Bien. Pues al parecer, los famosos bots han vuelto a actuar, y Twitter volvió a mostrar su cierta permisividad. Quiero entender (porque nadie te explica nada concreto más allá de "tu cuenta está suspendida") que los bots leyeron el hashtag #EPL que acompañaba el tweet, vieron que era un contenido multimedia (un GIF en este caso) y denunciaron el tweet. Este era el primer error, la primera sorpresa. Luego llegó la postura de la red social, que da el OK a la denuncia sin revisar y sin certificar que evidentemente ese GIF incumplía las reglas.

No he incumplido las reglas. Lo tengo claro. Aprendí muy bien la lección en 2016 y desde entonces lo tenía clarísimo.

Evidentemente, ya trabajo para recuperarla. Tengo confianza en que pueda ser así, pero Twitter vuelve a demostrarme que en la gestión de este tipo de situaciones sigue trabajando de una forma muy poco seria. Y creo que no es nada personal. Creo que es algo objetivo. Si hubiera compartido una jugada, un gol, un regate o una parada tendría que callarme, pero sé que tengo razón y en ese sentido estoy tranquilo.

Ahora solo queda esperar, supongo.

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