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Pequeño gran shock

Los últimos tres meses de mi vida han sido una montaña rusa de emociones, pensamientos y decisiones. Primero, el golpe, el shock. Luego, las idas y venidas, los momentos de entenderlo todo y los instantes de todo lo contrario. Finalmente, algunas conclusiones.


Escribo estas líneas porque en las últimas semanas me he dado cuenta de que, además de relajarme, ha supuesto un giro de guión tan rotundo como enorme, tan brusco como impactante. Se puede resumir en lo siguiente: estás años pensando algo concreto, sintiéndote mal por ello, y de repente, todo cambia, ni era así, ni, evidentemente, debías sentirte así.


Es demasiado complejo. Por ello, quizás, no hablaré abiertamente sobre ello. Son demasiadas situaciones, primero, y cambios, luego, como para presentarlo todo y hacerlo correctamente. Simplemente celebrar el giro de guión, la cierta tranquilidad que se puede llegar a representar ahora. Es algo que suele ocurrir en terapia. Ese día en el que, sin querer, llegas a una conclusión de peso, es el punto de inflexión. Y eso, algo parecido, es lo que ha ocurrido.


Ha sido un pequeño gran shock. Un pequeño gran shock para bien. Un pequeño gran shock que me tiene pensando para intentar borrar todos esos vicios adquiridos en el pasado, cuando nadie (lejos de decirme que tenía razón) me ayudó en exceso. Ahora no sólo siento y veo que tenía razón, sino que no estaba bien rodeado. Nada peligroso, ni incorrecto, pero no era lo más reconfortante del planeta.

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