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Mis éxitos secretos

Tener mucha gente detrás en redes sociales supone una exposición que, sinceramente, hay veces que se lleva mejor que otras. En ocasiones, el estímulo es mayor que otras veces. A veces, las ganas de aparcar la marca personal, desconectar y dedicar todo el tiempo a lo puramente profesional también hacen acto de presencia. Cada vez más, sinceramente, pero eso es otro tema.

Hago diversas colaboraciones más allá de mi rutina profesional. Trabajo en el diario AS desde hace unos meses, pero fuera de ahí intento siempre estar dedicando mi tiempo a otras colaboraciones que me brindan otras sensaciones. Pero, ¿sabéis? Quería hablaros de una que me gusta mucho, que hago desde hace más de medio año, pero que me hace convivir con una contradicción interna que sólo me he atrevido a confesar por aquí, por escrito.

Colaboro en una web de apuestas deportivas aportando mi punto de vista sobre diferentes encuentros. Desde la total libertad, elijo temas, elijo encuentros y me permiten plasmar mis perspectivas sobre temas de actualidad (en la publicación de artículos) y sobre diferentes partidos del fin de semana (con mis pronósticos). Pero hablaremos de los segundos, más concretamente. Sobre los pronósticos. Si cualquier persona entra en mi perfil puede ver de forma directa que mi dinámica de aciertos está lejos de ser perfecta. De hecho, últimamente apenas sumo 1-2 aciertos en mis 4 pronósticos semanales. Y no le encuentro ninguna razón. Elijo los pronósticos de forma totalmente libre y lo hago desde la opinión más pura. Pero luego fallo de forma repentina. Un gol sobre la bocina, una mala tarde, un planteamiento alejado de lo esperado. Siempre pasa algo y acabo fallando mis pronósticos.

Evidentemente, esto hace que haya recibido algún comentario sobre mi faceta como pronosticador, y evidentemente puedo decir poco al respecto porque esa faceta, la visible, es muy negativa. Pero entonces nace la idea de este post. Yo apuesto, yo hago mis apuestas deportivas como cualquier aficionado. No en grandes cantidades ni grandes desembolsos, ni mucho menos, pero la clásica combinada cae cada semana. Y es ahí, en la oscuridad, donde no hago visibles ni públicos mis pronósticos, donde acierto, donde el verde predomina, donde mis pronósticos son positivos. Y no al revés, donde «debería».

Es curioso. Visiblemente, públicamente, parece que soy un pronosticador lamentable, y evidentemente si alguien ve mis estadísticas es fácil que lo piense (y que yo le dé la razón). Pero lo curioso, y gracioso, llega cuando hago mis pronósticos «ocultos», mis apuestas personales, cuando consigo un gran porcentaje de aciertos, donde consigo evolucionar con mis cifras iniciales consiguiendo beneficios. Y todos ellos nacen desde el mismo razonamiento. No es que siga un camino para unos y otro diferente para otros. Lo baso todo en mi intuición, en mis conocimientos, en mi rutina de seguir a equipos. Pero no sé qué ocurre.

Son, entonces, mis éxitos secretos.

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