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Filmin, o cómo hacer publicidad creativa


Saco a la luz este post que tenía ya varios meses en la recámara. Filmin es el servicio de cine con el que soñaba cuando encontré mi personalidad. Soy una persona que me encontré a mí mismo muy tarde. No digo ni que sea bueno o malo. Me encontré tarde, o al menos eso creía, porque luego uno habla con unos y otros, reflexiona en voz alta ante la mirada de terceros, y acabas asumiendo que es la misma historia. Una y otra vez, de forma repetitiva porque, al fin al cabo, todo el mundo vive en una realidad virtual que muchas veces está lejos de la lógica.

Filmin es esa plataforma de contenidos audiovisuales, digamos, alternativa. Algo alejada de los grandes focos, de las grandes bombas mediáticas, de todo aquello que apeste a mainstream. Series, películas, documentales. Su gran mayoría de carácter clasista, alternativo, indie. Un lugar donde encontrar cine francés casi anónimo, cine coreano o recopilaciones dignas del más romántico de mis sueños cuando soñaba, como dije antes, con encontrar mi personalidad.

Algún día me animaré a compartir por aquí algunos de mis contenidos favoritos que pueden verse ahí. Pero hoy quiero sacar a la luz un pensamiento que encontré hace mucho, en el metro, en esas láminas publicitarias que apenas miramos muchas veces porque vivimos (o vivíamos) en esa realidad de fugacidad, rapidez, de ritmo vertiginoso, de casi locura diaria. Hablamos de la publicidad de Filmin en el metro. Sus carteles, sus mensajes, sus presentaciones mezclando lo moderno con ese tono alternativo que respiran la gran mayoría de sus contenidos. Ese tono ‘vintage’, apartado, secundario, que me maravilla, personalmente.

Vengo a compartir con vosotros, con vosotras, dos ejemplos de sus campañas publicitarias. Unas campañas publicitarias que, reconozco, me enamoraron, me maravillaron.

Por un lado, esta, la última con la que me crucé en ese laberinto de túneles, escalones, de ruido inmenso, de gente maleducada, de cantantes que interrumpen en tu paz mental, llamado Metro de Madrid. «Yo sí fui influencer», citaban los carteles de cine clásico. Me fascinaron. De hecho, tengo pendiente un mail al gabinete de prensa para intentar conseguir las copias originales de los diseños para tenerlos en alta calidad.

Pero esta fue la primera. La primera que tuve que mirar varias veces, lo reconozco, hasta darme cuenta de la genialidad. ¿Os dais cuenta de qué se esconde debajo del logo de Filmin en el siguiente tweet? ¿Os dais cuenta de cómo juegan con la mente humana? ¿Os dais cuenta de cómo de genios son esta gente? Llegué a plantearme si esta campaña era legal, pero realmente no cometen ningún error, creo. Lo que recrea tu mente está sólo en tu mente porque ésta lo relaciona directamente a una idea preestablecida, conocida de antes. Tu mente relaciona conceptos y ¡tachan! Ocurre la magia.

¿Alguna moneda en la sala? #Filmin pic.twitter.com/3aNJSjU8ir — Filmin (@Filmin) May 30, 2019

Dos ejemplos de buenas campañas de marketing. Dos ejemplos de muchos carteles que, reitero, me encantaría conseguir para uso personal. De hecho, tengo el mail pendiente en mi bandeja de borradores. Sólo hace falta sacar el hueco y enviarlo.

Filmin es, seguramente, uno de los rincones online donde aquel Esteban del pasado habría firmado estar tal día como hoy.

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