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El tweet que me ha partido el corazón


Escribo esto de madrugada, cuando la calma me abraza, cuando la tranquilidad es trending topic en mi finca, cuando encuentro un hueco perfecto, pero sobre todo cuando me entero de una historia triste, muy triste, que refleja la falta de valores de una generación a la que, por suerte (sí, por suerte) no pertenezco. No generalizaré con el tweet que leeréis a continuación. Es una serie de detalles, de gestos, de actitudes que vengo viendo, analizando, incluso sufriendo, desde hace tiempo, por lo que me permito el lujo de ser tan contundente al respecto.

Doy por hecho que la siguiente historia es real y no un contenido ficticio nacido en su base para conseguir lo que ocurrió finalmente: ser viral. No sería, tristemente, la primera vez, pero no. Quizás porque es Navidad pronto, pero quise creérmelo, quise darle veracidad, y me partió el corazón. Lean el siguiente tweet e intenten mantenerse fríos:

Complicado, ¿verdad? Siento cariño por mis padres, siento cariño por mi hermana, pero por mis abuelos sentía devoción, adoración. Cuando estaban bien, cuando la salud empezaba a darnos pistas de sus desenlaces. Siempre. Personas especiales que visitaba por el simple placer de estar aunque fueran 5-10 minutos preguntándoles un simple "¿Cómo estás?", que visitaba simplemente porque mi trayecto a casa me hacía pasar por su puerta. Los abuelos y abuelas son seres especiales, mágicos. Siendo padres no pueden dar todo el cariño que querrían por las obligaciones de esta sociedad, por el trabajo, por los agobios, pero cuando son abuelos, cuando tienen nietos, dan la vida por ellos porque, entonces sí, tienen todo el tiempo libre que no tuvieron con sus propios hijos. Ahí recae la clave de su aura mágico.

Es por ello que se me rompe el corazón, se me cae el alma al suelo al leer cómo unos nietos olvidan, no visitan, a su abuelo porque no tiene Internet. Pero, ¿qué cojones de generación es esa? ¿Qué falta de valores es capaz de provocar semejante vómito emocional? Es dantesco. Una historia que me partió el corazón, que me provocó una sensación cercana al escalofrío, a la congelación mental. Una pena.

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