¿Por qué no cambio mi avatar de Twitter?


Creé mi marca personal allá por 2005, cuando abrí mi primer blog. Por aquel entonces, casi sin querer, creé una aventura que todavía hoy, 12 años después, se mantiene viva. Cuando abrí mi cuenta de Twitter, allá por 2009, nunca pensé que podía ganar un volumen de gente tan grande, ni tampoco que podría estar contando eso ahora mismo.

Desde entonces he cambiado de avatar 2-3 veces. Al principio, tenía una foto mía con una camiseta de la selección española. Cuando el Chelsea se proclamó campeón de Europa, coloqué una de Frank Lampard con el trofeo, para luego, un año después aproximadamente, colocar el avatar que tengo ahora mismo, siendo también el ya ex-jugador inglés protagonista. Un avatar que, pese a haber mostrado ya mi cara en multitud de contenidos (tanto en Instagram como en YouTube, como en su difusión en otras redes como Twitter o Facebook) mantengo. ¿Por qué lo hago? Ese avatar está relacionado con mi marca personal.

La marca MiRondo (ahora @mirondo9 por una serie de cambios producidos durante el último año) está relacionada con dos aspectos. Por un lado, mi nombre, mientras que por otro lado está relacionado directamente con el avatar de Frank Lampard. Van de la mano, es un nexo que, en su conjunto, forman mi marca personal.

No se trata de ocultar mi identidad. No se trata de mantener un anonimato. Todo el mundo que me sigue conoce mi identidad en mayor o menor medida, ya sea por YouTube o por Instagram, pero mantener a Frank Lampard como avatar en Twitter es una medida pensada y estudiada, ya que me parece la forma más lógica de que la marca siga vigente. De hecho, hace un año, cuando me suspendieron la cuenta por primera vez, al volver, puse una foto mía, pensando que la marca personal podría mejorar “personificando” la cuenta, dándole un aspecto real, y uno una fotografía, pero tuvo consecuencias que, tiempo después, me demostraría que la marca MiRondo está relacionada de cerca con el avatar actual.

Al producirse el cambio, mucha gente dejó de seguir la cuenta. Quizás por no percatarse de que se trataba de mi cuenta, quizás por pensar que era otra persona y, al no reconocer la fotografía, el primer impulso es el unfollow. El límite entre gustar y no gustar en una red social es muy fino. La delgada línea entre seguir, o no, es un clic sobre un botón. En menos de un segundo pasarás de ser interesante a quedar en el olvido. Esa es la exigencia de una marca personal en Internet y redes sociales. Es decir, aquel cambio de avatar, que puede parecer algo simple, sin demasiada importancia, afectó negativamente a mi marca.

En el caso del fútbol, ¿qué ha ocurrido, por ejemplo, en los recientes cambios de escudo de equipos como Manchester City, Juventus o Atlético de Madrid? La primera reacción, quejas, desconcierto, incertidumbre. Cuando algo que se tiene controlado, localizado, habituado a una rutina, cambia, las personas tienden a descolocarse, y en muchas ocasiones reacciona de forma impulsiva. En redes sociales pasa lo mismo, con la diferencia de que gustar o no depende, como he dicho anteriormente, de un simple clic.

Es la principal razón por la que Frank Lampard sigue siendo mi avatar en Twitter. La marca MiRondo está vinculada a esa fotografía, a la figura del ex-jugador del Chelsea. Esteban Gómez es esa foto. De hecho, cuando lancé el canal de YouTube, una de los comentarios que más recibí fue “¡No eres Lampard!”. Y personalmente, me ha pasado con otros usuarios cuando han decidido mostrarse ante la gente. Tu cabeza tiene asimilados una serie de registros, de rutinas, y cuando cambian, los instantes posteriores son raros.

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